Avance: Cancillería de Panamá activa el Centro de Coordinación de Información tras terremoto en México.

GALARDÓN

Increíble, pero cierto: Anabella Dex

Me siento conmovida con que la Unión Europa y sus 500 millones de habitantes hayamos recibido este año el Premio Nobel de la Paz.

La historia milenaria de Europa ha estado colmada de todo tipo de guerras a lo largo y ancho del continente, de destrucción continua y de separación, subyugación y exterminio de sus pueblos.

Pero, como el ave Fénix, ha sabido salir de las cenizas para crear un mundo mejor donde la paz es el principal objetivo. Me pregunto si únicamente habiendo caído tan bajo es posible para el ser humano lograr algo tan beneficioso para sí mismo como es la paz.

Vivir en paz significa levantarse cada día sin miedo por su seguridad personal o la de sus bienes, saber que hay un orden en las cosas ordinarias que la gran mayoría respeta y promueve; que la autoridad está para servir los intereses de la comunidad; que la justicia, aunque con sus errores humanos, está accesible a todos y que no se puede comprar; que todos tienen acceso a un sistema de salud y a una buena educación, y que los menos favorecidos están protegidos por el sistema.

La paz no se crea con palabras sino con hechos muy específicos. Principalmente, creo yo, hay que empezar por reconocer a nivel íntimo personal que la discordia, intolerancia, persecución, abuso de poder, envidia y el egoísmo exagerado son los peores males de la humanidad. El “juega-vivo” panameño es su peor enemigo.

Hay un componente importante dentro de la paz que es la homogeneidad de la población.

Como ya se ha dicho y escrito hasta la saciedad, hay que ofrecer una buena educación a todos por igual. Por allí comienza absolutamente todo. Hoy podemos ver incluso que los herederos de las coronas europeas, casi todos, se han casado con “plebeyos”, en gran parte porque a nivel educativo están igual.

En Panamá todavía tenemos la desgracia de tener clases sociales muy marcadas y excluyentes; eso es del siglo antepasado y totalmente contraproducente. El esfuerzo de cada uno, y de los gobiernos en particular, debe ser tomar todas las medidas necesarias en materia de infraestructura, educación, salud y bienestar social para que algún día lleguemos a ser una nación homogénea, donde todos tengamos acceso a los buenos trabajos, o mejor dicho, que todos los trabajos estén bien pagados; donde nadie se sienta ni inferior ni superior a otro; donde todos tengamos los mismos derechos y obligaciones.

Como una panameña-europea que vive entre ambas culturas, mi deseo es que Panamá encuentre su camino hacia el desarrollo integral en favor de todos los panameños y los demás que habitan este bello país; que algún día se pueda vivir aquí en paz y seguridad. Eso no cae del cielo, eso lo creamos o lo destruimos cada uno, cada día.

Que el Premio Nobel de la Paz de la Unión Europea sirva de esperanza a todos los pueblos que hoy pasan por momentos existenciales difíciles, ¡todo es posible!

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