HORA DE CAMBIAR

¿Hasta cuándo?: Juan B. McKay A.

Recientemente, participé de un foro en Facebook en el que una persona comentaba lo poco caballerosos que somos los hombres panameños. Igualmente, he sido un ácido crítico del mal servicio al cliente que se ha venido arraigando en nuestro país y de la falta de valores que se practica en nuestra sociedad. Sobre estos temas versa este artículo, que espero sirva para llamar la atención.

Confieso que estoy, en parte, de acuerdo cuando dicen que “en Panamá no hay caballeros”. En parte, pues sé que sí los hay; conozco a varios... La parte en la que estoy de acuerdo es que tendría que admitir que la mayoría de mis coterráneos no practican las mínimas reglas de cortesía y si les hablaran de la urbanidad de Carreño, a lo mejor preguntarían con qué se come.

Escribo esta nota el día en que celebramos nuestra independencia de España, cuando muchos locales están cerrados. Hoy la batería de mi automóvil dejó de funcionar y me acerqué a un local que se dedica a la venta de éstas y que está ubicado en Vía Porras. Desde que entré al lugar recibí el mejor servicio al cliente que he experimentado en Panamá, en muchísimos años. Desde la recepcionista hasta el técnico que me atendió fueron profesionales, didácticos, honestos y serviciales. No sé quién es el dueño o gerente de esa cadena, pero así como critico tan a menudo, hoy me saco el sombrero para felicitarlos y exhortarlos a que sigan practicando este tipo de servicio. Les garantizo que muchos compartiremos nuestra experiencia.

Sobre el tercer tema, es mandatorio decir que la ausencia de valores, no solo en Panamá sino en toda la región, se está incrementando, pero lo más triste es que la gran mayoría preferimos servir de espectadores, más que de jugadores. No entiendo cómo a una inmensa mayoría nos molesta el “juega vivo”, la descortesía, la deshonestidad, la impuntualidad y la poca solidaridad (que no se confunda con complicidad), pero es poco lo que hacemos por cambiar nuestra actitud y seguimos esperando que venga alguien, con una varita mágica, a resolvernos todos los problemas. Mucho se habla de que este deterioro de los valores se debe a la falta de educación, pero es muy poco lo que hacemos por mejorarla. La educación empieza en la casa. Es en el hogar y con el ejemplo donde se enseñan los valores cívicos, éticos y morales; no le dejemos esa responsabilidad a las escuelas, medios de comunicación, scouts o clubes cívicos. Es nuestra la responsabilidad de forjar líderes honestos, responsables, solidarios y de gran visión.

Solo entonces tendremos los dirigentes que anhelamos, los maestros que requerimos y los padres de familia que necesitamos. Solo entonces tendremos el Panamá soñado, que complemente la bonanza económica que vivimos y que acompañe a esa envidiada posición geográfica que nos regaló Dios. Solo entonces nos sentiremos orgullosos de decir “My name is Panama” o “Mi nombre es Panamá”.

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