SOCIEDAD Y POLÍTICA

´Judiíta de la Gestapo´: Efraín Hallax

Estas palabras pronunciadas por la gobernadora de Panamá, Mayín Correa, han desatado una avalancha de críticas y rasgamiento de vestiduras por algunos miembros de la comunidad hebrea y sus aliados en Panamá. Voces que jamás se habían escuchado defendiendo la causa hebrea, gritan por esta expresión tildando a Correa de antisemita.

La verdad no tiene dueño, decía el poeta Pedro Lezcano, y tenía razón. La neurosis colectiva que esa expresión ha generado solo se la tolero a los franceses.

El mejor libro para entender la participación de los judíos en la Gestapo alemana es El Pianista, en el cual su autor, Walydislaw Szpillman, pianista y compositor polaco sobreviviente del Holocausto, describe la colaboración de sus amigos en ese genocidio. Y es que los guetos, las ejecuciones en cámaras de gas y en campos de concentración, jamás hubiesen podido ocurrir sin colaboracionistas hebreos. Uno de ellos fue Mordechai Rumkowski, industrial judío y militante sionista que desempeñó el cargo de presidente del consejo del gueto judío de Polonia.

En 1939 asumió la dirigencia del mayor gueto de Polonia, y estuvo encargado desde la alimentación hasta el censo de las futuras víctimas. Rumkowski y su pandilla comenzaron con las primeras deportaciones (5 mil 500 hebreos en 1941), para luego hacerlo con sus propios compañeros y terminar en 1944 con el exterminio del gueto. Todos los colaboradores eran judíos y trabajaban para la Gestapo.

El 28 de agosto de 1939 los nazis decidieron terminar con el pequeño estado de Rumkowski, quien, junto a la clase alta judío-polaca, había logrado acuñar su propia moneda, hacerse de sellos postales y quedarse con las fortunas de las víctimas asesinadas. La clase alta del gueto de Varsovia, en mancuerna con su clase política y su policía, fueron tan o más culpables que los nazis. El parecido con Panamá y América Latina es pura coincidencia. Rumkowski terminaría gaseado con toda su familia en Birkenau, gloriosa recompensa por un trabajo “excelente”.

En Panamá nuestra historia está llena de traidores, comenzando con la guarnición militar colombiana comandada por Tomás Herrera, cuyo trabajo era defender a Panamá de invasores. Nuestro primer héroe fue un traidor, vendió la plaza y a sus hombres sin ningún descaro; nada extraño de acuerdo con la historia. Tampoco es extraña la historia de los franceses, quizás los más grandes colaboracionistas que tuvo el régimen nazi. La verdad le duele a los franceses cuando no están tomando vino, pero la aceptan con gallardía.

El constructor más grande que haya tenido Israel, Herodes el Grande, fue un vende patria. Vendió su pueblo a los romanos, asesinando y cobrando impuestos a tutiplén (léase robar). Amén de que casi mata al niño Jesús y nos deja sin religión y a miles de curas sin empleo.

Pertenezco a Cambio Democrático y creo que nuestro mayor pecado ha sido la tranquilidad como hemos permitido que nuestros propios copartidarios roben. Esta permisividad raya en lo tribal. Si el PRD y los arnulfistas robaron, entonces nosotros los de la tribu del CD también podemos hacerlo. Tenemos que gritar en contra de los indecentes, aunque pertenezcamos a la misma tribu.

En la misma vena, me gustaría que la comunidad hebrea saltara con escritos cuando sus miembros multimillonarios les pagan miserias a sus empleados; que escriban contra las trampas y engaños en negocios, especialmente en bienes raíces. Nunca escucho a estos censores del antisemitismo defender algo que no sea el interés de su propia tribu. Todos somos ciudadanos, y la decencia debe ser nuestro norte. En el caso que me ocupa, veo claro que una funcionaria que se ha sentido agredida por una periodista con las uñas bien afiladas, ha respondido con un insulto que no es antijudío, sino anti Flor Mizrachi; y que el insulto evoca el periodo en que hubo judíos que sirvieron a la Gestapo.

Estimular a las mejores mentes hebreas en Panamá a opinar sobre el tema es meterse en una cruzada donde se pierde la fuerza de la tribu más poderosa que existe en Panamá. Debido a su aislamiento tribal, olvidan que lo importante es hacer de este país un lugar más decente; ese es nuestro gran reto. Y esto solo se puede lograr con la cooperación de todas las tribus de Panamá; no aislándonos dentro de nuestra tribu y defendiéndonos cuando vemos nuestros intereses amenazados.

Como nación nos estamos atomizando, desintegrando, por solo mirar nuestros intereses. Y cada día es peor. Este escrito es a favor de la eliminación de este pensar tribal y dañino que terminará en nuestra propia destrucción, volviéndonos mosaicos irreconciliables entre nosotros mismos, aun a pesar de compartir la misma nación.

Defender la decencia es lo importante en cada tribu, la tuya, la mía, la nacional; el ejemplo es la mejor arma. Algo que, lamentablemente, no está practicando ninguna de nuestras tribus.

¡No perdamos la fe!

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