PRUEBA DE FUEGO

Lecciones de unas elecciones: Daniel R. Pichel

Pasó el 4 de mayo y hay que sacar conclusiones para aprender hacia el futuro. Expreso mi opinión como alguien que, por no creer buena ninguna de las opciones, votó en blanco. (Que a diferencia de lo que me insistían, si ayudó a alguien fue a Varela).

Después de una campaña insoportablemente larga, insoportablemente sucia, con una oferta electoral insoportablemente pobre y que dejó el país hecho un chiquero, llegó el día de la elección y se confirmó que a los panameños nos encanta votar. Ese día, fue un ejemplo de civismo y respeto. La victoria de Varela fue convincente y no dejó duda alguna sobre el resultado. Las historias de hackers, bloqueos de comunicación y fraudes electrónicos fueron teorías de conspiración, inventadas para revolver más el turbio ambiente generado por la campaña.

Como en toda competencia, hay ganadores y perdedores. El gran ganador fue el Tribunal Electoral, que se consolida como una institución seria, profesional y merecedora de gran confianza. El sistema de Transmisión Electrónica del Resultados puede ser igualado, pero dudo que superado por ningún sistema en el mundo. Que el Tribunal Electoral y los ciudadanos se enteren de los resultados al mismo tiempo, es garantía de transparencia.

Otros ganadores fueron Juan Carlos Varela (no estoy seguro que su partido ganara); el Partido Popular, que tuvo buen criterio al escoger socio, y el profesor Juan Jované, quien a pesar de no tener opción de victoria demostró profesionalismo y seriedad en sus propuestas. Mención especial para Ana Matilde Gómez, única independiente que llega a la Asamblea. Es positivo que personas no afiliadas a partidos tengan oportunidad de ganar cargos. Su campaña fue muy parca en cuanto a propaganda y gastos publicitarios, aunque el tiempo de exposición de televisión y radio de que dispuso fue muy superior a la gran mayoría de los candidatos. Ese tiempo, si se valora en lo que costaría sufragarlo, significaría una campaña millonaria. Por supuesto, no es culpa de la candidata, pero es un hecho que supo aprovechar a su favor.

Los perdedores fueron varios. Las encuestadoras hicieron un papelazo que traerá serios cuestionamientos a esa industria. Si bien acertaron los números, se equivocaron en los nombres. El error en pronosticar resultados, aunque traten de justificarlo, hace dudar de la seriedad de las mediciones y genera suspicacias sobre la posible manipulación de resultados. Los medios también quedaron muy mal. La parcialización y poca objetividad que demostraron unos y otros, deja mucho que desear del trabajo periodístico. Leyendo cada periódico o viendo cada canal, era obvia la existencia de agendas que favorecían a candidatos particulares. De allí que muchos seguiremos viendo con recelo sus opiniones en el futuro.

Políticamente perdieron Ricardo Martinelli y CD. Toda la ventaja que les daban, se esfumó al nombrar a la primera dama como candidata a vicepresidente. Esa acción le dio base sólida al argumento reeleccionista. Igualmente, la campaña sucia y el derroche de recursos no logró su objetivo, sino que produjo una victimización de Varela que se transformó en votos. El PRD sufrió la peor derrota de su historia. A pesar de tener candidato un año antes de la elección, nunca logró proyectarse como representante del partido y las bases lo rechazaron. La presentación en los debates fue malísima y nunca lo superó. Además, el partido queda más fraccionado que nunca reclamando una profunda reestructuración, con un recambio definitivo de liderazgo. Gerardo Solís se estrelló con todo y moto. La poca credibilidad que ganó pintándose como “independiente” la echó por la borda al aceptar una vicepresidencia en el partido al que siempre perteneció, permutando principios por una posible opción de triunfo. Perdieron también los abanderados de la Nueva República, que no tuvieron ningún poder de convocatoria y Mireya Moscoso con Arias Olivares, que no dieron una. El FAD desaparece sin pena ni gloria, dando la imagen de debilidad, a pesar de supuestamente representar los intereses de más de 60 mil obreros de la construcción. A nivel nacional no llegaron a 15 mil votos.

Para terminar, quedan asignaturas pendientes:

1. La campaña tiene que ser mucho más corta, limitando la propaganda, controlando la exposición mediática y evitando que el país se convierta en un basurero.

2. Debe limpiarse antes de la elección.

3. Hay que hacer obligatorios los debates (que tienen efecto real).

4. Hay que eliminar las campañas sucias.

5. Los gastos de campaña tienen que limitarse, haciendo públicas todas las donaciones o, idealmente, que solo utilicen el subsidio electoral.

6. La segunda vuelta es importante para garantizar la representatividad del ganador.

Para lograr estos objetivos, se hace necesario que el nuevo gobierno cumpla su palabra de mantener total transparencia (mal inicio que a estas alturas no hayan hecho pública su lista de donantes), que se refuercen las instituciones y que cumplan sus ambiciosas promesas electorales. Los retos son reformar la Constitución de manera profunda para reforzar la democracia y eliminar vicios de fondo, y la más difícil, lograr gobernabilidad con una Asamblea en la que son el 18%, sin caer en la tentación de ofrecer prebendas a cambio de apoyo. Esa, será la prueba de fuego para el nuevo gobierno. @drpichel

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