PROPUESTAS CLARAS

Leyendo la política actual: Rolando Aparicio O.

Como sacado del libreto de una tragicomedia, el joven delfín, apenas aprendiendo a nadar, logra llevar a sus ingenuos depredadores a un engaño. Maña genética del joven político, que logra la renuncia del estrenado director, seguido del silencio sepulcral del fiscal electoral. Ya desde hace tiempo, estas denuncias han sido cotidianas; no parece haber lealtad a principios políticos, mucho menos al partido en el que se está inscrito.

A falta de lealtad y principios, se logran las candidaturas presidenciales independientes, nada más que los seudocandidatos nos han salido con demasiados intereses. Son los intereses que siempre han manifestado, por lo que los sorprendidos e indignados por el desenlace de sus candidaturas, al parecer, fueron tontos útiles en manos de la astucia de estrategas políticos. La estrategia del político más famoso del patio, con sus bellaquerías y artimañas, queda como un reflejo opaco ante todo lo que son capaces de hacer los de otros países. Sin embargo, ¡qué rápido se aprende lo malo!

Del lado opuesto, el de los electores, las cosas no andan tan distantes... tenemos tan poca formación en estos menesteres, que la sociedad se vuelve tierra fértil para políticos de esa calaña. Si tan solo viviéramos en el país del primer mundo, que el Banco Mundial con sus injustas proyecciones anuncia, los políticos clientelistas y demagogos no se reelegirían.

El asunto va mucho más allá de reelección o alternabilidad, de sucesión o continuidad; el elemento perturbador en el plano político es que cuando los sectores más vulnerables de la sociedad toman conciencia de que la política no está respondiendo a sus necesidades entran en una apatía de participar en las elecciones o se dan los caos sociales que exigen respuestas inmediatas a los problemas que nunca se resuelven (transporte, salud, vivienda, alto costo de la vida).

Precisamente, responder a las carencias de la población, proporcionándole los utensilios necesarios para llevar una vida digna es menester de la política. Dicen que quien gane en las próximas elecciones tendrá que seguir “realizando obras”, pero aquellas que vayan en la dirección de la transparencia que ahuyenta la corrupción.

Lo que sucede en el Canal de Panamá, con la megaobra a la que le intentan cobrar un gran sobrecosto, es algo común y corriente en la administración pública de nuestros países. Es la nueva forma de corrupción estatal, que pasa desapercibida debido a la complejidad de poder probarla, por estar involucradas, en su mayoría, las empresas privadas.

Y después nos preguntamos ¿por qué los jóvenes no quieren saber de la política? Tal indiferencia no es por escasez de propaganda en las redes sociales, más bien, es por la falta de propuestas claras, que calen en sus conciencias.

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