HABLAR CON PROPIEDAD

Linchamiento mediático...: Xavier Sáez-Llorens

He sido siempre accesible a las preguntas de cualquier periodista. Sin importar día, hora o lugar donde me encuentre, respondo con rapidez y amabilidad. He asistido a innumerables entrevistas para impartir docencia sobre infecciones y aclarar dudas a la comunidad. Cuando critiqué el manejo dado a la información sobre el brote de KPC, a la que le faltó asesoría previa, documentación exhaustiva y debate equilibrado, las espadas mediáticas se lanzaron hacia mi persona. Sabía perfectamente que al cuestionar a reporteros la represalia sería feroz. Pese a pedir disculpas anticipadas a los periodistas serios y responsables, el gremio hizo piña para atacarme. Como la evidencia acompaña mis escritos, empero, no tengo temor alguno. Invito al lector a revisar mi columna del 4 de mayo de 2008 en La Prensa para que compruebe que los conceptos emitidos sobre las infecciones nosocomiales fueron idénticos a los expresados en los momentos actuales. Es decir, preservo la honestidad intelectual, una cualidad indispensable para mantener credibilidad.

Aunque soy consciente de que un conflicto de interés puede sesgar mi perspectiva de manera involuntaria, también me parece injusto que, por tener esa disyuntiva, no pueda opinar sobre un tema en que, modestia aparte, me considero experto. Poseo numerosas investigaciones y publicaciones sobre las infecciones adquiridas en los hospitales durante el requerido cuidado médico. Las más recientes y relevantes pueden ser encontradas en el libro británico sobre riesgos infecciosos en unidades de terapia intensiva (Simon Nadel: Infections Diseases in the Intensive care Unit, 2008; capítulo 10, p312), en el texto estadounidense de infecciones pediátricas (Feigin, Cherry, Demmler & Kaplan 2009; capítulo 78, p979), en la revista Current Pediatric Reviews de enero 2006 (Nosocomial Infections in Children) y en el Pediatric Infectious Disease Journal de marzo 2000 (Impact of Antibiotic Restrictions on Hospital Infections). Cito las fuentes bibliográficas para que nadie ose decir que invento nociones para beneficiar al familiar. Lejos de mostrar arrogancia, me gustaría saber si los médicos gremialistas o Mauro Zúñiga tienen suficientes méritos académicos para debatir este tópico con propiedad, por más años que hayan trabajado, deambulado o vegetado en centros de la CSS. A Mauro, además, poca gente le cree después que acabó virtualmente con la vida de Valentín Palacios y que usa como referencia ficticia a un tal “garganta profunda” para destilar su odio ponzoñoso contra el gobierno actual. Los patológicos deseos de protagonismo perturban su senil raciocinio.

Así como los galenos conocemos a los colegas irresponsables, los periodistas están también al tanto de la conducta incorrecta de sus pares. Antes de verter una información sensitiva a la comunidad, debe haber un amplio ejercicio de investigación con expertos en el tema. CNN en español tiene como vocero de temas de salud pública a un científico epidemiólogo (Dr. Elmer Huerta) con destrezas comunicativas. Al organizar debates televisivos, además, la calidad de los invitados debe ser óptima y no parcializada a los prejuicios del entrevistador. Si traes a un facultativo de Comenenal, un dirigente del grupo del dietilene glycol, un cabecilla sindical y un líder de partido opositor, ¿cuál crees que será la conclusión final? En cualquier profesión, los gremios protegen a sus agremiados. No obstante, los tribunales de ética de cada colegio profesional deben velar por la probidad de las actuaciones de sus miembros. Defenderlos de forma hermética es complicidad. En 20 años de vida democrática, he visto solo a un par de periodistas prestigiosos exhortar a sus colegas a que eviten mancillar la honra de funcionarios si no están respaldados por evidencias contundentes. Libertad de expresión es una cosa, libertinaje de locución es otra muy distinta.

Tristemente, cuando los argumentos escasean o se ignoran, se tiende a recurrir al aspecto emocional. El estribillo de decir que no nos importan las muertes de panameños humildes fue torpe y malicioso. Tengo 30 años de ejercer la medicina y todavía sufro muchísimo por el deceso de un niño en el hospital donde laboro, aunque esté en estado terminal. Mi hermano es, incluso, más sentimental que yo. Valerse del dolor de alguien que perdió a un ser querido, insinuándole sin conocimiento que se pudo prevenir, para exaltar la supuesta importancia de una noticia es una cualidad ruin y deplorable. Solo espero que, cuando se aclare lo sucedido y se confirmen inocencias, la justicia aplique sanciones ejemplares a todos esos que destruyeron reputaciones de forma alevosa y malintencionada, por más ratings que tengan sus tercermundistas programas.

Insisto, hay muchos periodistas objetivos y honestos. En este periódico abundan pero también, por supuesto, en otros medios. Pese a todo el quilombo armado, no soy un individuo rencoroso y seguiré ofreciendo los conocimientos de mi especialidad a quien los requiera. Una gran cantidad de conceptos errados sobre infecciones hospitalarias ha sido divulgada en estas últimas semanas. Me ofrezco, gratuitamente, a impartir charlas docentes sobre éstas y otras infecciones de relevancia pública a los medios que así lo deseen. Al final, el único beneficiado es el pueblo y eso es lo que verdaderamente nos debe importar.

Twitter: @xsaezll

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