REACTIVAR EL PANAMEÑISMO

Llamarada de capullo: Jorge Gamboa Arosemena

El panameñismo utilizado como título de este artículo denota que una acción no fue trascendente, cuando la expectativa era que lo iba a ser. Esto es lo que pasó con la “exhumación y traslado” de los restos del Dr. Arnulfo Arias Madrid.

Lo que mal empieza, mal acaba. Los restos del Dr. Arias debían ser trasladados a una nueva morada, entendemos que por requerimiento de los dueños del terreno en donde reposaban. Que se aprovechara esta situación para depositarlos en una tumba más representativa de su legado histórico-político era totalmente aceptable, pero que se convirtiera esa acción en un acto que rayaba en la profanación, es censurable.

Primero, llamarlo “funeral de Estado” para darle una magnificencia que la tenía sin usar este concepto errado, denota ignorancia o agendas ocultas. Bien, el Decreto Ejecutivo 660 lo describió como una “ceremonia de traslado”. Funeral, a un difunto se le hace uno, porque es el conjunto de actos sociales, políticos y religiosos que se organizan para disponer del cuerpo de una persona que ha fallecido. Que luego haya que hacer traslados, no se trata de funerales. Originalmente, el Dr. Arias fue enterrado en un lugar del cementerio y, por ser ese terreno anegable –nos cuentan sus deudos– hubo que exhumarlo y trasladarlo a la tumba de donde fue exhumado el pasado 6 de enero; cuando eso ocurrió no se habló de que trataba de otro funeral.

Hay que señalar que los medios de comunicación propagaron el error, porque a pesar de que era perfectamente deducible por profesionales que deben tener una amplia cultura general que les indicara que no podía hablarse de un funeral, así lo difundían. También decían que la Sra. Moscoso era la viuda, cuando dejó esa condición al casarse nuevamente.

Digo que la acción se acercó a la profanación porque, siendo Arnulfo Arias el fundador del panameñismo, se pretendió que el orador de fondo fuera el verdugo de los panameñistas de hoy. También, la organización del acto pretendió que fuera el orador inicial un presidente extranjero que de Arias y de panameñismo poco puede saber. Providencialmente no llegó al país. Estos oradores iban a contrapelo de los que sí debían ser oradores: un familiar y el presidente del partido que fundó Arias.

La asistencia fue una décima parte de lo pronosticado por la organización. Error de apreciación; haber dicho que el acto no era político hizo que delegaran en diputados y cuadros de Cambio Democrático la logística de llevar asistentes, pero luego de que el Presidente desistiera de participar, no se justificaba llevar gente. No se necesitaba masa que aplaudiera al Presidente o contrarrestara los presumibles abucheos que se producirían. Ahora cabe investigar por qué desistió de ser el orador de fondo, promovido y defendido, a contrapelo de la lógica, por la organización del evento.

La lectura de estos resultados es que el Partido Panameñista no está bien. El grupo que estaría en la mejor posición para desplazar a la actual dirigencia (de haber sido exitoso el evento), y más con el apoyo de Martinelli, por el momento no tiene la menor oportunidad de lograr esto. La corriente de la actual dirigencia, que no exigió dirigir o codirigir el evento, como lo manda el Estatuto, que se conformó solo con asistir a nombre personal y que hubieran permitido que su verdugo, con ayuda interna, se tomara el acto como orador de fondo, desdice de liderazgo y capacidad de acción.

La pregunta es ¿qué debe pasar después del fracaso del acto político que, fraudulentamente, se quería decir que era apolítico?

Se perdió una buena oportunidad para reactivar al partido, para que sus bases más íntegras, más ilustradas y más aptas se activaran para contrarrestar a los miembros que participan con el objetivo de llegar al poder para usarlo en beneficio propio. El partido tiene que evolucionar hacia ser un instrumento de controlar el poder en la búsqueda del bien común. Si no se enmiendan pasos, seguirá siendo un partido electorero, que usará el clientelismo para que unos cuantos pelechen y la mayoría viva de ilusiones vanas.

Después del rompimiento de la malsana alianza y de la llamarada de capullo de la ceremonia de traslado y tras 81 años de la evolución de Acción Comunal, el camino del partido pasa por buscar, con madurez y desprendimiento, la unidad en los principios para poder incidir positivamente en la vida de la Nación.

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