AUTORITARISMO

Lobos con piel de oveja: Berna Calvit

A un año de las elecciones de 2014 tengo tal empacho de politiquería, discursos y polémicas de tan baja calidad que solo por la necesidad de mantenerme informada les sigo la pista a los políticos y a los chanchullos que con puntualidad inglesa aparecen a diario ¡y de qué calibre!

Manuel Antonio Noriega dijo cuando ya estaba con el agua al cuello, “...los que vienen detrás de mí, son peores”. Puedo entender que cause sorpresa al lector que en “democracia” cite esa frase dicha por quien tanto daño hizo; cuyo nombre evoca despotismo, muertos, desaparecidos, carcelazos, amenazantes uniformes verde olivo. Ese hombre altanero, que fue devuelto a su país para purgar su condena, convertido en un anciano enfermo ¿qué pensará de lo que ha vivido Panamá desde aquel día en que, humillado, fue extraditado a Estados Unidos; de lo que está sucediendo actualmente? ¿Se refería su predicción a la codicia, al afán de poder, de riquezas? ¿Tendrá suficiente mala sangre como para que le cause alguna satisfacción no estar del todo equivocado? A pesar de los 23 años transcurridos, el fantasma del militarismo sigue presente y con razón; fue una etapa amarga y los que la vivimos no deseamos que nuestro país vuelva a sufrir días tan aciagos. Pero hay una realidad: el autoritarismo no siempre viste de militar ni se ejerce de forma abiertamente dictatorial; a veces lo hace como el lobo de la fábula de Esopo: disfrazado de oveja. Un gobernante autoritario vestido de saco y corbata o “ropa de diario” no concita el mismo temor que el autócrata vestido de militar; como civil pasa por oveja el lobo que guarda en su puño casi todo el poder.

Dije “casi” porque creo que el Tribunal Electoral, algunas organizaciones gremiales y cívicas y muchos ciudadanos con sentido de decencia política han logrado frenar algunos intentos de imponerse sin sujeción a las leyes y la voluntad del pueblo. Es lobo el que le escamotea los derechos a los ciudadanos; que maneja arbitrariamente los fondos y las entidades estatales; que amedrenta y coacciona con sutileza o rudeza, según las circunstancias, a los que se le oponen; y que tuerce la ley a su antojo. La mano dura de un “civil” puede llegar a tener tanto poder que no necesita uniformes ni armas para ejercerlo. Pero muchos ciudadanos, y es una de mis aprensiones, no tienen conciencia real del peligro que representa la concentración de poder en un hombre. En esa línea de pensamiento, no pasé por alto la noticia en la sección Economía (La Prensa 4/3/13) que informa sobre el proyecto de embalse en la cuenca hidrográfica de Tonosí que el Gobierno adjudicó a una empresa ecuatoriana ($155 millones); hace 10 meses el Presidente entregó la orden de proceder a la firma, que ya tiene $15 millones “del lado de allá” (La Prensa 5/3/13). Se afectarán 15 mil hectáreas y de estas, 602 de las mejores tierras agrícolas de Bajos de Güera, en Macaracas, serán inundadas para construir dos presas. Los pobladores se enteraron del proyecto cuando vieron tractores trabajando en sus tierras y “pareciese que diseñaron el proyecto como si aquí no viviera nadie o vivieran puercos de monte... no dependemos del Gobierno, solo sabemos trabajar la tierra”.

Esta obra “se llevaría en los cachos” el cementerio de Tolú y la escuela y la capilla construida con el trabajo de voluntariado del Colegio Javier. Resulta insólito que el ministro del Mida, Oscar Osorio, “ofreció disculpas por no haber hecho las consultas sobre el proyecto”. Como diría Tres Patines: ¡Oye eso! Los campesinos le preguntaron al ministro que “si para que Tonosí no se inunde una noche era necesario inundar para toda la vida a Bajos de Güera”. ¡Olé! De remache, el viceministro, Gerardino Batista, admite que “pusieron los bueyes delante de la carreta...”.

¿No les habrá dado vergüenza confesar tanta ignorancia? La sospecha de los moradores del lugar es que “la intención real es construir hidroeléctricas, igual como han hecho con otras represas en la provincia de Chiriquí”. Los campesinos saben que las hidroeléctricas han mermado significativamente el agua para los regadíos del proyecto Remigio Rojas, en Chiriquí. Una arbitrariedad como esta y otras que se han cometido no son propias de un sistema democrático; es atropello sin bayonetas ni tanquetas. El Miviot cambia la zonificación de barriadas con convocatorias ciudadanas “brujas” para que los moradores del lugar no se enteren; una cadena burocrática de complicidades hace concesiones escandalosas de manglares y costas de mar y extracción de minerales, y fondo de mar. “¿Y qué más se le ofrece, las tierras del Barú, del Parque Metropolitano o las del cerro Guacamaya, que es rico en reservas hídricas? “No se preocupe por el estudio de impacto ambiental, nosotros nos encargamos de acomodárselo”. “¿Que la Unesco nos advierte que peligra el Casco Antiguo como patrimonio histórico? No haga caso, siga rellenando para alargar la cinta costera”.

Así, suavecito, con los poderes Legislativo y Judicial con espina dorsal gelatinosa plegados al Ejecutivo, se imponen los autócratas. Las arbitrariedades que se cometieron en aquellos años solo difieren con las de hoy en la forma. En el fondo son idénticas. En algunos casos, hasta con los mismos personajes, pero siempre con lobos con piel de oveja como actores principales.

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