FALLAS DEL SISTEMA

Mala representación política: Carlos Guevara Mann

La mala calidad de la representación política genera cada vez mayor preocupación, porque sus graves impactos en la administración pública son evidentes. Esta mala calidad puede atribuirse a varias razones, entre ellas el apoyo de los partidos políticos a malos candidatos.

Al respecto, la semana pasada la profesora Nelly Broce de Figueroa expuso razonados planteamientos, cuya esencia puede resumirse así: “La cuestión primordial es lograr que los partidos políticos postulen a candidatos que tengan el perfil para gobernar” (La Prensa, 4 de abril). Lo cual, de acuerdo con la destacada educadora, podría lograrse a través de la presión ciudadana, con el apoyo de la sociedad civil y los medios de comunicación.

Otro factor detrás del fenómeno señalado es el diseño del sistema de representación política. Panamá todavía emplea un sistema ideado durante el período militar, cuyos objetivos principales son perpetuar el control político del grupo dominante a través del clientelismo y la corrupción.

A nivel municipal, por ejemplo, hasta 1968 los concejos estaban constituidos por miembros elegidos de acuerdo con un método de representación proporcional en un circuito único en cada distrito. Este método fomentaba candidaturas de individuos que fuesen ampliamente conocidos en todo el municipio, no solo en uno de sus corregimientos.

En otras palabras, el sistema propendía a la elección de ciudadanos con trayectorias y reputaciones que tuviesen alguna medida de solidez. Esto incentivaba a los partidos a incluir en sus listas municipales uno que otro elemento calificado, a fin de atraer la atención del electorado de todo el municipio hacia sus respectivas papeletas.

En 1972, la dictadura creó el cargo de “representante de corregimiento” en reemplazo de los concejales que desde inicios de la República habían ejercido la representación municipal. Estos representantes, como es sabido, son elegidos en circuitos uninominales (cada corregimiento es un circuito en esta elección) por mayoría absoluta de votos (no por representación proporcional).

A diferencia del sistema precedente, el método impuesto por los militares –todavía en uso– privilegia las conexiones personales al más bajo nivel. Si a ello añadimos la práctica, que también se remonta a la dictadura, de asignar presupuestos discrecionales a los representantes de corregimiento, resulta más fácil entender por qué la fórmula de elección promueve candidaturas de individuos poco capacitados para atender los asuntos que atañen al municipio en su totalidad, pero sí muy diestros en el aprovechamiento de nexos clientelistas para satisfacer intereses particulares y locales.

Con el sistema de elección para diputados sucede otro tanto. Hasta 1968, estos servidores públicos eran elegidos en circuitos provinciales según un método de representación proporcional, lo que impulsaba a los partidos a completar sus listas electorales con al menos uno que otro candidato bien conocido en la provincia por sus preocupaciones nacionales. En una circunscripción provincial, además, es más difícil depender del clientelismo y la compra de votos para lograr una elección que en circuitos de menor tamaño y más fácil acceso.

Estas observaciones las hizo James Madison hace más de 200 años, cuando en su esfuerzo por lograr la aprobación de la Constitución estadounidense de 1787 señaló que si la proporción de individuos idóneos es igual en un circuito pequeño que en uno grande, habrá mayor número de ciudadanos probos –y aptos para ejercer la función representativa– en un circuito grande que en uno pequeño.

Madison agregó que es mucho más difícil practicar los “vicios electorales” en un circuito grande que en una circunscripción pequeña, pues en las unidades electorales de mayor población es más oneroso depender de la compra de votos para lograr la elección.

Cuando en 1983 la dictadura dispuso “democratizar” el sistema político con la creación de una “Asamblea Legislativa”, determinó que sus miembros fuesen elegidos en circuitos municipales, no provinciales (como hasta 1968) o en una circunscripción nacional. Distinguidos estudiosos de las instituciones panameñas, como los doctores Humberto Ricord (fallecido hace algunos años), Carlos Bolívar Pedreschi, Mario Galindo, Miguel Antonio Bernal e Ítalo Antinori, entre otros dignos de mención, han comentado los efectos nocivos del diseño electoral de 1983 sobre la calidad de la representación ejercida por los diputados.

Es penoso que las oportunidades históricas suscitadas tras el desalojo de la dictadura militar no se aprovecharan para mejorar nuestro sistema de gobierno. Mientras no nos aboquemos al cambio de los métodos empleados para definir la representación política, seguirán prevaleciendo concejos y asambleas constituidos en su inmensa mayoría por sujetos no aptos para ejercer funciones públicas, con lamentables consecuencias para el desarrollo nacional.

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