ATENCIÓN DE SALUD

Malhadada institucionalidad: Belisario Herrera A.

Han sido infructuosas las diligencias que ha hecho un amigo cercano, ya jubilado, para que la Caja de Seguro Social (CSS) le haga efectivo un subsidio por la realización de una prótesis dental. Los funcionarios alegan que él debe presentar factura expedida por una máquina franqueadora algo que, según las investigaciones que he hecho, no es necesario por catalogarse la odontología como una profesión liberal, así como la abogacía u otras relacionadas a las artes y las artesanías.

Pero el caso al que me refiero no es tan grave si lo comparamos con el largo rosario de ineficiencias que es habitual en la mayoría de las administraciones de la CSS, baste recordar uno de los más graves el envenamiento de pacientes dietilene glycol. El saldo sobre el particular ha sido de incontable defunciones que no cesan aún, pues los afectados siguen engrosando la lista de defunciones. Resulta contradictorio que una institución pública llamada a mejorar la calidad de vida de los asegurados menoscabe la condición biológica de estos, a causa de pésimas prestaciones médicas, y que las citas de especialidades se prolongan hasta por casi un año. Lo mismo puede afirmarse de las intervenciones quirúrgicas, porque los pacientes tienen que esperar un prolongado tiempo antes de ser intervenidos.

El mismo criterio tengo acerca de los medicamentos que recibimos, porque estos son cada vez de menor calidad o, en el peor de los casos, debe uno averiguar, de agencia en agencia, si los tienen y muchas veces en todas se encuentra agotado, teniendo el asegurado que comprarlo de su propio pecunio, los que pueden hacerlo. Lo cierto es que esto afecta a muchos que perciben bajos salarios de jubilación.

Antes de terminar este artículo no puedo dejar de mencionar otras deficiencias de la CSS, como negarle un aumento salarial a los trabajadores humildes de esa institución y, en cambio, le otorga jugosos salarios a otros elementos burócratas, favoritos del actual régimen, que se ha distinguido por el desbalance que mantiene en las finanzas públicas, además de notoria corrupción.

Sin andar con rodeos, hay que afirmar que en no pocas instituciones de nuestro país está la huella nefasta del presidente Ricardo Martinelli, quien a pesar de haberse rodeado, mediáticamente, de un lenguaje dadivoso y de una postura hipócrita hacia los humildes, a manos llenas y en forma antojadiza, derrocha los fondos públicos. Cierro manifestando que el militarismo que se está incrementando, lejos de disminuir el crimen y la delincuencia, persigue únicamente medidas intimidatorias hacia las masas que claman justicia.

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