INSUFICIENCIAS OPERATIVAS

Lady Mallet y la Cruz Roja Nacional: Carlos Guevara Mann

Matilde de Obarrio Vallarino, la recordada fundadora de la Cruz Roja Panameña, nació el 13 de marzo de 1872, en el hogar formado por sus padres, Gabriel de Obarrio y Rita Vallarino. Tras realizar estudios en Nueva York y París, en 1892 contrajo matrimonio con Claude Coventry Mallet, cónsul británico en Panamá. A partir de ese momento emprendió una infatigable carrera humanitaria, en seguimiento de la cual realizó importantes obras en una época en que la actividad social del Estado se caracterizaba por su modesto alcance.

La historia familiar y social fue una de sus aficiones. Muy conocido es su Bosquejo de la vida colonial en Panamá, anecdotario inspirado por las reminiscencias de su madre, cuya juventud transcurrió en los inicios del período de unión a Colombia, época en que las costumbres españolas más formales comenzaban a ceder espacio a usos democráticos, más propios de repúblicas independientes que de dominios de la corona de Castilla.

Dicho bosquejo, impreso inicialmente en inglés, en 1915, por Sturgis & Walton, fue posteriormente traducido al español y publicado en 1933. Como fuente para aproximarnos a las actitudes y al ideario de las altas esferas de la sociedad istmeña de finales del siglo XIX y principios del XX, el libro merece un comentario extenso, tal cual lo hizo el Arq. Eduardo Tejeira Davis en una excelente reseña publicada en el No. 342 de Talingo (“Añoranzas y realidades de la vida en el Panamá de 1840”, http://mensual.prensa.com/mensual/contenido/2000/07/11/hoy/talingo/lady1.html).

La Cruz Roja Nacional, obra principal de doña Matilde, ha rendido incontables beneficios a la ciudadanía a lo largo de sus 86 años de existencia. Forma parte de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, la mayor organización humanitaria del mundo, que se ocupa de atender a personas afectadas por desastres o emergencias (http://www.ifrc.org/es/nuestra-vision-nuestra-mision/).

La idea de la Cruz Roja se remonta a 1859, cuando Henri Dunant, empresario, filántropo y activista social suizo, presenció, durante la batalla de Solferino, el suplicio de miles de soldados que agonizaban sin recibir atención médica. Aquella escena dantesca conmovió a Dunant, quien en 1863 fundó el Comité Internacional para el Socorro de los Heridos, posteriormente denominado Comité Internacional de la Cruz Roja. Su objetivo principal era atender a los heridos de guerra y aportar algunos elementos de humanidad a los conflictos bélicos (http://www.ifrc.org/es/nuestra-vision-nuestra-mision/historia/).

Además de su labor en tiempos de guerra, la Cruz Roja se propuso, desde muy temprano, prestar asistencia a los damnificados en tiempos de paz. Fue este aspecto de la labor de la organización el que inspiró, en 1917, la creación de la Cruz Roja Nacional por Matilde de Obarrio, cuyo marido era ya ministro (embajador) del Reino Unido en Panamá y a quien por sus servicios a la diplomacia le fue conferida la Orden de San Miguel y San Jorge por el rey Jorge V. Desde entonces fue conocido como Sir Claude y su consorte, como Lady Mallet.

En el aniversario del natalicio de su fundadora, es conveniente reflexionar sobre la Cruz Roja Panameña y su actual situación. Ante el aumento comprobado en el número de desastres naturales –como resultado, en parte, del cambio climático– la preparación ante estos eventos extremos, la mitigación de sus efectos y la atención a sus víctimas debe ser una prioridad del Estado y la sociedad.

Es por ello lamentable que según un reportaje publicado en La Prensa (24 de febrero), la Cruz Roja Panameña atraviese “una precaria situación de equipos e insumos” que hace difícil el cumplimiento de su misión. El déficit de equipos –ambulancias, cuerdas de rescate, lanchas, insumos para primeros auxilios, uniformes para los voluntarios y otros– es altamente preocupante.

En este contexto, otorgar a la Cruz Roja Nacional un aporte estatal que subsane sus insuficiencias operativas constituye una meta fundamental. Como ha podido corroborarse en días pasados, cuando todos hemos recibido las noticias de los millonarios presupuestos asignados a los diputados para la realización de obras comunitarias, los recursos para las obras sociales no faltan en Panamá. Sería oportuno que fuesen los propios diputados quienes, en este aniversario del natalicio de la fundadora, se interesasen por fortalecer la situación de la Cruz Roja Panameña, para beneficio de la comunidad. Con ello se ganarían el aplauso colectivo.

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