CORRUPCIÓN DE ALTO NIVEL

La huella de Martinelli: Carlos Ernesto González De la Lastra

Estaba sentado en una mesa, en la plaza Herrera, era una noche relativamente fresca, conversando con unos amigos, cuando de las sombras surgió la figura indiscutible de la señora Lenis. Se le notaba agitada, algo alterada y empezó a hablar con esa voz grave de profesora: “Don Carlos, ¿es usted consciente del enorme coprolito de corrupción que nos ha dejado Ricardo Martinelli, en compañía de su infraorden de saurópodas?”.

Y, suspirando, enfatizó: “Gracias a Dios, los panameños no son como los gasteurópodos que no tienen cerebro, y demostraron su inteligencia sacando del poder al terópodo mayor”.

Me quedé de una pieza. Pensé, se volvió loca la señora Lenis. Entonces le dije: “Sra. Lenis, ¿por qué me habla así?, no le he entendido absolutamente nada.

Se me quedó viendo y me dijo: “¡Qué corta memoria! Así hablaba usted en el Instituto Nacional. Siempre decía que nadie sabía más que usted de lo sucedido hace 150 millones de años”.

Guardé silencio un momento, y luego señalé: “Hace muchos años que estuve en el Instituto y no recuerdo bien lo que usted ha estado hablando”.

La señora Lenis cambió de tema y me dijo: “Quería hablarle de mi primo Juan”. Nuevamente quedé sorprendido, pues no conocía a su primo Juan. Ella me contó que cuando a su primo Juan le iban a operar unos nódulos en las cuerdas vocales, el doctor le explicó que no podría hablar por muchos días después de la operación. Al recordar esto, ella empezó a reírse y, con dificultad, me contó que a Juan lo habían dormido para la intervención y que, al despertarse, empezó a hacer señas para tratar de comunicarse con el médico. Agregó que el cirujano, muerto de risa, salió del cuarto para explicarle a los familiares que no lo había operado, porque se había ido la luz. Y que aún no le había dicho nada a Juan, cuando él empezó a hablarle por señas.

Todos se rieron y decidieron no decirle nada y seguir con la broma. Así lo dejaron por seis meses y cuando le explicaron que podía hablar, entonces no paraba de hacerlo.

Ese último cuento me confirmó lo que sospechaba. La señora Lenis no estaba bien. Al ver mi cara ella señaló: “Don Carlos, sé que piensa que estoy loca, pero no es así. La historia se la he contado para explicarle que eso mismo trató de hacer Martinelli con el pueblo panameño. Le metió tanto miedo, que muchos no se atrevían a hablar porque estaban convencidos del poder de este hombre y, ahora que han pasado seis meses de la elección de Juan Carlos Varela, es hora de hablar. Lo que existía en Panamá era una organización criminal para robar el dinero del erario y hay que denunciarlo”.

Agregó: “Le comento estas cosas porque se debe ordenar que los funcionarios de las instituciones del Estado cuenten todo lo que vieron y, si no lo hacen, deben despedirlos. Igualmente se les debe advertir a los empresarios que fueron objeto de presiones y pagaron coimas que deben hacer la denuncia correspondiente. Le pido, por favor, que estudie una ley provisional de cooperación con la justicia para que todo el mundo cante. Si no hacemos algo para conseguir las pruebas del tremendo coprolito dejado por Martinelli, la historia de corrupción se repetirá y Dios ampare a este país. Jamás saldremos del subdesarrollo”.

Medité sobre lo que me pedía y le prometí que haría el mejor de los esfuerzos por hacer realidad sus deseos. Cuando ya se retiraba le dije: “Señora Lenis, acabo de recordar el nombre de varios de los animales que vivieron hace 150 millones de años, pero lo que no recuerdo es el significado de coprolito”.

La Sra. Lenis se me quedó viendo con una mirada que me dio temor. Respiró hondo y se produjo un silencio en la plaza Herrera. La música de jazz del hotel American Trade dejó de sonar, los que estaban en los bares callaron, los carros se detuvieron y el general Herrera se bajó de su caballo. Entonces, la Sra. Lenis levantó la voz y dijo: “Coprolito es el excremento petrificado de los dinosaurios, y eso es pequeño al lado del tamaño de un gigantesco y fétido coprolito que dejó Martinelli en este país, que solo se puede limpiar hasta que todos los corruptos estén presos”. En ese momento empezaron a sonar las campanas de todas las iglesias de la vieja ciudad de Panamá.

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