EL MALCONTENTO

Matinal sin dinosaurio: Paco Gómez Nadal

En este cuartito improvisado es difícil pensar. El ruido de la maquinaria de aire acondicionado de estas cochambrosas oficinas no permite concentrarse en casi nada. Cierro los ojos y duermo, vencido por un cansancio que no es físico. Ya tengo claro que voy a perder lo que tengo y no se trata de nada material. Unas horas antes, cuando aún nos permitían mirar por la ventana que daba a la calle, nos sentíamos acompañados. Toda esa gente hermosa allá fuera, tan limpia, tan imprescindible en comparación con la mugre que tienen los manzanillos del poder.

Las y los activistas ngäbes y occidentales que habían sido detenidos junto a nosotros se vinieron a la puerta trasera de Migración nada más ser liberados. La solidaridad entre los de abajo no puede ser rota jamás por la brutalidad de los de arriba. Es 28 de febrero, amanece y estamos negociando los términos de la expulsión con los dinosaurios menores que juegan a polis malos con poca convicción. Poco más que hacer... más que seguir luchando por los derechos territoriales de aquellos a los que se quiere despojar. Seguir luchando desde donde fuera, como fuera. Y así ha sido.

Hoy es también 28 de febrero y miramos a Panamá asomándonos a la frontera. Caminando por Nicaragua o Costa Rica hemos conocido a otros resistentes tan valerosos como los de Panamá, pero el alma y el corazón sigue cerca de las corrientes del Tabasará, del Teribe, del Jaqué, del Chagres..

Algunos insisten en que dejemos de insistir... ¿por qué? Estamos tratando de buscar la justicia en Panamá, a pesar de que sabemos que esa palabra está proscrita en el istmo. La Dirección Nacional de Migración sigue sin responder a los recursos que debió resolver hace 11 meses; la Corte Suprema de Justicia es un agujero negro que fagocita tiempo y ley al mismo ritmo.

¿Por qué dejar de insistir en la verdad y en la justicia? Si Jesús Vélez Loor se hubiera rendido, si no hubiera comenzado su enésima protesta hace unos días, jamás habría visto resarcida su terrible experiencia en Panamá. Si los ngäbes y los buglés no fueran tercos ni siquiera habrían logrado que la mayoría del país los escuchase.

Pilar está en la celda de mujeres migrantes pendientes de deportación. Hay una mujer asiática que lleva un año encerrada; otra, es utilizada como mucama por una alta funcionaria de Migración que la “libera” o “detiene” en función de la mugre de su casa. La mayoría está atrapada en una historia de injusticia y arbitrariedades. Solo los suyos luchan por liberarlas. Son solidarias al extremo, cuidan a la extraña a pesar del alboroto que hay alrededor de los nuevos detenidos. Nos dan ánimos a pesar de que nosotros seremos deportados de primera clase... Igual pasa con los miles de privados de libertad que siguen sin un juicio justo en el país, o con la impunidad en cascada que cubre los abusos del poder.

Este año, el 2012, tiene un día más y febrero parece un remedo del de 2011. Protestas, represión, Carnaval, olvido, resistencias... No ha sido un año perdido, ni siquiera un año en blanco. Es cierto que desde el poder nada ha cambiado o, si lo ha hecho, ha sido para peor, pero también es verdad que los movimientos sociales de base son más fuertes, que el dictadorzuelo no ha logrado acallar a las voces libres y que las mayorías, lentas siempre en despertar, comienzan a parpadear ante las mentiras reiteradas.

Es 28 de febrero y el Malcontento sigue respirando, peleando, soñando, anhelando un mundo decente y justo. En este aniversario doloroso, encaramado en el muro de la disidencia, solo deseo abrazar a las personas que quiero en Panamá, que son muchas, decirles cuánto se les extraña, cuán grande es la arbitrariedad que nos separa y cuán pequeño es el tiempo histórico de los enemigos de nuestros pueblos. Nos veremos pronto, y pronto podremos mirar juntos a través de las ventanas que nosotros elijamos, y podremos pensar animados por la brisa libre del libre pensamiento, y será la fuerza de nuestras convicciones la que mueva la historia. Ya queda poco para el ocaso de las bestias y, al llegar ese día, reescribiremos el relato para decir: “Y cuando despertamos, el dinosaurio ya se había marchado”.

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