CALIDAD DE ATENCIÓN

Medicina pública ´versus´ privada: Xavier Sáez-Llorens

Hace unos dos meses, mi madre fue hospitalizada en la unidad de intensivos del CHM-CSS por un infarto de miocardio. Pensé que sería su último episodio existencial pero, gracias a los excelentes cuidados de médicos y enfermeras de cardiología, ella superó el grave evento. Entre colegas resulta habitual expresar que un familiar de galeno se complica siempre más de lo esperado. Este aforismo, probablemente, obedece a que se tiende a hacer hasta lo imposible para asistir al compañero de profesión. En medicina, empero, el hacer de más muchas veces ocasiona más problemas que el hacer de menos. Hay que recordar que la iatrogenia es bastante más común que la negligencia. Instruí, por tanto, a toda la familia para evitar presionar al personal sanitario y dejar que mamá siguiera el curso normal que transita cualquier otro paciente con igual enfermedad. Esta decisión no solo era racional sino, también, ética. Después del susto, reflexioné sobre la habitual duda ciudadana: ¿qué tipo de medicina asistencial es mejor, la privada o la pública? Mi respuesta sería “depende”.

En teoría, la diferencia fundamental entre la práctica privada y la pública es que en la primera el sujeto elige a su médico, tiene acceso más expedito a la atención, tramita y obtiene resultados de análisis de forma más rápida, disfruta de mayor comodidad o privacidad en su hospitalización y se expone a una menor cantidad de gérmenes nosocomiales; en la segunda, el paciente es vigilado por mayor número de profesionales (funcionarios, residentes, internos), beneficiado, frecuentemente, por segundas o terceras opiniones y sometido a protocolos de manejo consensuados y actualizados con base en claras evidencias científicas. Es más probable que se hagan tratamientos, exámenes y procedimientos quirúrgicos innecesarios a nivel privado, tanto por temor a fallar diagnósticos o intervenciones oportunas como, en algunos casos, por inmorales deseos lucrativos. En contraste, es más probable que en el sector público las actuaciones se retrasen más de la cuenta, tanto por superior volumen de trabajo como, en deplorables instancias, por incumplimiento de horarios o turnos.

La calidad de atención debería ser similar. Desafortunadamente, no siempre es así. El facultativo privado se desvive por atender bien porque ve, también, a su paciente como fuente de ingreso y publicidad. A nivel público, actuar de forma parsimoniosa o grosera no conlleva, usualmente, ninguna penalidad monetaria o administrativa. Galenos buenos y malos hay en ambos sectores. Debemos recordar, sin embargo, que más del 85% de los médicos que trabajan en el ejercicio público también lo hacen en el privado. La buena labia es imprescindible en la medicina privada para tener éxito profesional. Hay médicos charlatanes, con escasos conocimientos, que pueden llegar a ser taquilleros en la privada porque, muchas veces, el arte de la medicina es farolear e impresionar, mientras la naturaleza se encarga, por sí sola, de curar la enfermedad. Por otro lado, no todos los médicos tienen habilidad comunicativa y tolerancia a exigencias particulares para poder practicar la medicina privada satisfactoriamente, pero tampoco todos tienen ganas de soportar un sistema estatal saturado de burocracia, jerarquías desprovistas de méritos, escasez recurrente de insumos, bajos salarios y nulos incentivos de productividad. Independientemente de vocaciones sociales o gustos laborales, puedo asegurar que tenemos numerosos galenos en Panamá a la altura de los mejores representantes de países desarrollados.

Es habitual escuchar de boca de políticos opositores y periodistas en busca de rating que la medicina pública es un desastre. Nada más lejos de la realidad. Por ejemplo, nuestro esquema de vacunación es envidiado afuera y cirugías pioneras de alta complejidad se realizan localmente. Los índices sanitarios nacionales son razonablemente buenos, aunque algunos permanecen todavía distanciados de los objetivos del milenio (educación sexual y asistencia ininterrumpida al sida son asignaturas pendientes de esta administración). La expectativa de vida es 76 años, la mortalidad infantil 14 x 1000 y la mortalidad materna 59 x 100,000. No debemos conformarnos, sin embargo, porque estas cifras son perfectibles y sin gastar dinero adicional. Costa Rica invierte presupuesto similar a nosotros y exhibe ventajosos marcadores. Aunque ese hermano país no tiene población indígena que lidiar, segmento pobremente integrado al desarrollo en todo el continente, su fortaleza radica en la mejor eficiencia de los recursos a través de un modelo único de salud. Mientras acá seguimos en la sempiterna duplicación de actividades y caudales, con Minsa y CSS cada una planificando por su lado, allá el ministerio se encarga de la rectoría de políticas sanitarias, mientras la seguridad social administra clínicas y hospitales.

Si bien debemos hacer mayor énfasis en la prevención y en el fortalecimiento de la red primaria y secundaria de atención, soy partidario de edificar paralelamente complejos hospitalarios modernos y espaciosos que integren armónicamente salud, investigación y academia. Debido a incrementos demográficos y décadas de indiferencia gubernamental, nuestros centros terciarios se han quedado diminutos y obsoletos. No podemos pensar en primer mundo y fomentar turismo médico, si nuestros compatriotas deben ser todavía enviados al exterior para cirugías cardiovasculares, terapias de cáncer o trasplantes. Si soñamos en pequeño, siempre seremos enanos; si soñamos en grande, podríamos convertirnos en gigantes.@xsaezll

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