AFRONTAR LA VIOLENCIA

¿Mejores cárceles o mejores jóvenes?: Anilena Mejía Lynch

La semana pasada, tres menores de edad fueron asesinados a sangre fría frente a los ojos de su madre. El país quedó consternado al escuchar las declaraciones de la madre, quien a duras penas se podía expresar en medio de su dolor. El caso de esta familia no es aislado. Es un ejemplo más de cómo el fenómeno de la violencia se nos sale de las manos día a día. Por años, la solución propuesta por gobernantes y algunos sectores de la sociedad civil ha sido “la mano dura”. Al parecer, aún analizamos problemas complejos, como el fenómeno de la violencia, en términos infantiles y simplistas tales como “ojo por ojo, diente por diente”.

La nueva flota de autos de la Policía Nacional es un claro reflejo de lo que digo. Los recursos del país se invierten en mejorar la fuerza armada como método para contrarrestar el fenómeno de la violencia. Sin embargo, considero que la mayoría de los recursos no debería estar destinada a combatir el fenómeno, sino a prevenirlo. Utilizamos políticas de control y opresión, en vez de políticas que fomenten el desarrollo y el crecimiento ciudadano. Nos estamos preocupando más por lo material que por el ser humano.

¿Encontraremos soluciones al equipar a la policía con más armas, establecer condenas más estrictas y hacer más cárceles? Esto es como ponerle un tapón a una tubería que continuamente se rompe. Lo que hay que hacer es reparar el daño desde la raíz y no tratar de empujar el agua hacia adentro, como hemos venido haciendo por años. Nuestras cárceles están hacinadas y nuestra tropa policial nunca se dará abasto. Más allá de controlar el daño que ya está hecho, es necesario que investiguemos las raíces y las causas del fenómeno, y diseñemos programas integrales para combatirlas.

Las sociedades tienden a reaccionar frente a las tragedias lamentándose y buscando culpables. Pero un país realmente crece cuando identifica la causas, predice tempranamente las señales de riesgo e invierte los recursos necesarios para desarrollar comunidades y jóvenes sanos, felices y creativos.

La prevención consiste en atacar directamente las causas del fenómeno y trabajar con aquellos niños y jóvenes que aún están en desarrollo, y que tal vez hasta ahora no han incurrido en serios actos delictivos. ¿Por qué ignorarlos?

Es imperativo que ayudemos a estos niños provenientes de comunidades de alto riesgo a encontrar su identidad en actividades diferentes a las pandillas. Es necesario que les ofrezcamos incentivos y que los apoyemos, a ellos y a sus familias, para que desarrollen una personalidad saludable. Algunos ejemplos son la implementación de programas educativos de interés para jóvenes, utilizando el arte, la música y el deporte.

Convirtamos los barrios peligrosos en cuna de músicos, deportistas y artistas. Es necesario que dentro de estos barrios haya espacio para el desarrollo de actividades creativas y de esparcimiento, convirtiéndose así en escudos contra el flagelo de la violencia. Todo ser humano debe tener la oportunidad de desarrollar sus habilidades al máximo potencial. Nuestros gobernantes deben fomentar y direccionar estrategias de desarrollo que le ofrezcan a la ciudadanía las condiciones necesarias para dicho fin.

Aplaudo la iniciativa de la Policía Nacional en su programa de educar a niños de barrios peligrosos sobre la seguridad y el autocuidado. Pero no perdamos de vista que con esta iniciativa seguimos intentando contener el problema que ya existe, más que prevenirlo y atacarlo desde su raíz. Además de enseñar a las personas que viven en barrios peligrosos cómo lidiar con situaciones adversas, propongo que destinemos recursos para desarrollar familias más sanas y plenas.

Quisiera concluir proponiendo que nos detengamos y reflexionemos: ¿Cómo pretendemos afrontar el fenómeno de la violencia? Considero que los recursos no deben destinarse a mejores cárceles y castigos más severos, sino a fomentar el crecimiento saludable de niños y jóvenes. Tenemos la oportunidad de revertir el curso de nuestra sociedad, y contribuir a que más y más jóvenes crezcan queriendo ser como Mahatma Gandhi y no como Terminator.

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