PREOCUPACIÓN

Memoria histórica, legado en peligro: Saúl Rolando Cortez Ch.

La memoria histórica, que el historiador francés Pierre Nora designa como el esfuerzo consciente de los grupos humanos por entroncar con su pasado, sea este real o imaginado, valorándolo y tratándolo con especial respeto, en nuestra realidad parece haberse trastocado o redireccionado en un sentido adverso o contrario, pues se percibe un esfuerzo consciente de determinados sectores poderosos por destroncar nuestro pasado, deteriorando su valor y menguando su respeto.

Tristemente, vemos cómo sectores económicamente poderosos (propios y extraños) en complicidad con nuestras autoridades y políticos atentan contra la memoria histórica panameña, impulsando leyes y situaciones que fortalecen su haber económico en detrimento de nuestro conocimiento histórico. Las ansias políticas y económicas de nuestros gobernantes han ido desdeñando nuestra memoria histórica, seguramente con el fin de convertirnos en un pueblo sin memoria y vulnerable a sus discursos políticos anacolutos con fuertes dosis de perífrasis y pleonasmo.

La Ley No. 70 de 28 de diciembre de 2007, sobre los días puentes, específicamente sobre el 9 de enero y 28 de noviembre; la Ley No. 48 de agosto de 2012 que elimina la asignatura de Relaciones de Panamá con Estados Unidos a nivel medio y universitario. Por otro lado, la situación crítica que vive la Escuela de Historia de la Universidad de Panamá y su posible cierre. Ello aunado al estado de orfandad de los Archivos Nacionales y los irrisorios recursos que se le destinan, atizan la idea de haberse concebido todo un proyecto de desestructuración y supresión de la identidad panameña. Pareciese que, minuciosamente, nos encaminan hacia lo que hemos denominado una especie de “borramiento histórico generacional”.

Todo este escenario ensombrecido que se ciñe sobre nuestra memoria histórica produce una agresiva disfunción del conocimiento y pensamiento histórico panameño que garantiza el secuestro del raciocinio de nuestras generaciones presentes y futuras por parte de los sectores poderosamente económicos y políticos encumbrados en nuestra patria.

A nuestro parecer, la memoria histórica constituye el motor de nuestra sociedad, pues resulta ser un valioso legado ancestral, toda vez, que compila el accionar humano de hombres y mujeres que nos precedieron, sus vivencias personales, su participación en acontecimientos sociales relevantes, etc., patentizados en el tiempo por generaciones. Sin embargo, su supresión o menosprecio significa la inhibición de la potencia cognitiva y volitiva de nuestro pueblo. Es decir, desconoceríamos nuestros orígenes, nuestra identidad, dejaríamos de ser un pueblo integrado por personas, para pasar a ser un pueblo de marionetas en estado puramente vegetativo y totalmente maniobrable para los gobiernos.

Siendo noviembre un mes sustanciosamente patriótico, debe adquirir mayor preponderancia el fortalecimiento de nuestra memoria histórica secesionista; por lo tanto, hacemos un llamado a mantenernos alertas y redoblar esfuerzos para que nuestra memoria histórica no sea desarraigada y mucho menos que caiga en manos de “políticos inescrupulosos, malos historiadores, demagogos y otras personas que se quieren apoderar de ella sin comprenderla ni quererla” como una vez indicase el Dr. Carlos Manuel Gasteazoro al referirse a nuestra historia de la secesión de 1903.

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