RECLAMO VÁLIDO

Miseria en la vejez: Alberto Valdés Tola

En Panamá la realidad socioeconómica de las personas adultas mayores es algo ambigua, por no decir que se encuentra plagada de miserias e incertidumbres. En los últimos años los jubilados y pensionados se han lanzado a las calles para exigir el respeto de sus derechos sociales como ciudadanos. Estas manifestaciones de participación política como colectividad, lejos de ser una iniciativa caprichosa u ociosa de su parte, es el grito desesperado de un grupo etario que ha sido desdeñado y olvidado por todos los gobiernos y por la misma sociedad que ayudaron a construir.

Así, este panorama poco alentador para los jubilados y pensionados, se complica con el hecho de que sus demandas socioeconómicas son ridiculizadas e ignoradas a nivel estatal. Ahora bien, y sin el ánimo de demeritar los incipientes incrementos que se han producido con anterioridad, las jubilaciones y pensiones de la mayoría de estas personas mayores se evidencian como infrahumanas, porque no cubren sus necesidades básicas en términos de canasta básica familiar, medicamentos, transporte, etc.

Solo hay que echar un vistazo a los datos censales de 2010 para observar que el mayor porcentaje de jubilaciones y pensiones se enmarca en los niveles de ingresos que van de $250 a $399 (15.79%) y de $400 a $599 (14.23%). Mientras que aumentar las jubilaciones y pensiones partiendo del parámetro mínimo ($245) no solo es una clara muestra de mala focalización de la problemática en cuestión, sino una imperdonable muestra de exclusión social.

Los jubilados y pensionados, como grupo de presión, no solo representan los intereses y necesidades de una fracción de ellos (los más desventurados económicamente), sino los intereses generales de todos los adultos mayores que cotizan. Por ende, si nuestros gobernantes desean beneficiarlos, no deben ajustar el aumento de 30 dólares a solo una parte, sino a todos ellos; aunque sea de forma proporcional (mayor aumento a los que menos cotizan y, menor aumento a los que más).

Esta lógica, aunque algo mezquina en términos de ciudadanía, no resolvería todos los avatares existenciales de este grupo (nada más lejos de la realidad), sino que aliviaría temporalmente algunas de sus necesidades. La complejidad de la problemática de este grupo trasciende mucho el aumento en las jubilaciones y pensiones; es de orden estructural y requiere de una política gerontológica integral, que regule cada aspecto relacionado al envejecimiento y la vejez en Panamá.

Vale la pena recordar que los jubilados y pensionados no son facinerosos ni revoltosos, sino ciudadanos de oro, cuyos derechos humanos no deben ser lacerados bajo ningún término. Observemos su lucha reivindicativa por el aumento en sus jubilaciones y pensiones como una manifestación más de ciudadanía política, en que un grupo pelea por buscar alguna salida a sus carencias, las que no solo son suyas, sino de todos. ¿Quién no va a envejecer algún día?

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