SOCIEDAD

Mitos sobre los inmigrantes: Caleb Delibasich

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Mitos sobre los inmigrantes: Caleb Delibasich

A principios del siglo pasado, el mundo disfrutaba de la ausencia de políticas migratorias. Las personas tenían la libertad de viajar de país en país, incluso sin la necesidad de documentos oficiales, y eran generalmente tratadas con respeto y bienvenidas donde decidían reubicarse.

Todo eso cambiaría con la Primera Guerra Mundial. Los países parecían estar compitiendo a ver quién trataba de la manera más inhumana a los que llegaban. Ese nuevo sentimiento dio lugar a las políticas migratorias del siglo XX, muchas de ellas aún vigentes. Ya no existe la libertad plena de moverse entre países. Esto, poco a poco, crea un sentimiento hostil hacia aquellos que lo intentan, los inmigrantes. Generalmente, a ellos se les halla culpables de tres “crímenes”: Quitarle trabajo a un nacional o hacerlo por menos paga, usar los servicios públicos sin contribuir, y cometer crímenes y participar de actividades ilegales.

Panamá es un país formado por inmigrantes de todas partes. La constante entrada de extranjeros no solo nos ha enriquecido en el plano cultural, sino que la diversidad que traen nos da una ventaja regional en la economía globalizada. Por eso, nos debería sorprender cualquier repudio a la inmigración.

En los últimos años, Panamá se ha convertido en el destino de un gran número de personas procedentes de naciones vecinas como Colombia y Venezuela. Muchos han decidido reubicarse aquí por cuestiones laborales o políticas. Esto es porque los países que hacen las cosas bien atraen a la gente.

A los inmigrantes se les acusa de tomar los trabajos de panameños o hacerlo por menos paga. Eso no es cierto, muchos llenan posiciones de trabajo que ningún panameño quiere. El que opera en el sector servicios, por ejemplo, sabe que se registra una alta rotación de personal. Los empleados panameños cuentan con tantas oportunidades de trabajar, que no tienen incentivos para dar un buen servicio.

El señalamiento de que no aportan igual que el nacional a los servicios públicos del país tampoco es cierto y menos en Panamá. Aquí, de por sí, hay disparidad en el pago de impuestos. Es decir, una minoría de la población carga con el pago de impuestos sobre la renta. Lo que sí pagamos todos es el impuesto sobre el consumo (ITBMS). En este aspecto, los inmigrantes contribuyen igual que la mayoría de la población. Además, la regularización de miles de extranjeros que ya están aquí, y que ahora contribuyen al Seguro Social, solo puede considerarse como algo positivo.

Por último, se les acusa de estar involucrados en actividades ilegales como el narcotráfico, la prostitución o el lavado de dinero. Sin embargo, no hay realmente información que sustente estos cargos contra la gran mayoría de inmigrantes. Estas no son actividades exclusivas de inmigrantes. Tenemos casos en Panamá de conocidos traficantes y mafiosos locales –algunos políticos, por cierto– que fueron más sustanciales que las actividades pequeñas de cualquier inmigrante. La mayoría de los inmigrantes viene a trabajar y en busca de mejores oportunidades. También habría que analizar si algunas de esas actividades, como la prostitución o la venta de drogas, deberían ser legales o descriminalizadas. Si hay personas involucradas en ellas es porque existe demanda. Asumamos que no hubiera inmigrantes, de todos modos alguien respondería a esas necesidades.

Es lógico que la gente quiera reubicarse en busca de un mejor futuro. Esto debería aplaudirse. Por desgracia, nuestra clase política no lo entiende. Si se analizan todas las cosas que los inmigrantes están dispuestos a hacer por un mejor futuro, para ellos y su familia, vemos la gran capacidad productiva que pueden traer al país. Hay chinos dispuestos a pagar grandes sumas de dinero por sus visas; hay colombianos que están de acuerdo en violar los términos de sus visas y trabajar en la informalidad o la ilegalidad; hay venezolanos que dejan gran parte de su dinero atrás para escapar del paraíso socialista, y todo eso con la intención de buscar mejores oportunidades. ¿Por qué habríamos de querer mantener a este tipo de personas fuera del país?

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