EL AGENTE NARANJA

Muerte y desolación: José Antonio Ardila Acuña

Hace 50 años, exactamente el 10 de agosto de 1961, el Gobierno del país más poderoso (en ese entonces) sobre la Tierra autorizó a su Fuerza Aérea esparcir en forma masiva sobre el sur de Vietnam un poderoso herbicida (conocido como el agente naranja), con el objetivo de eliminar la selva tropical de ese territorio y, de esa forma, impedir que los miembros del Frente Nacional de Liberación se camuflaran en ella y, al mismo tiempo, destruir las cosechas para privar de alimento a los combatientes y a la población.

El agente naranja es una mezcla 50-50 de dos productos químicos, comúnmente conocidos como ácido 2, 4-Dichlorophenoxyacetic y el ácido 2, 4, 5-Trichlphenoxyacetic, que se mezclaba con querosene o diésel antes de su dispersión. Su nombre deriva de una banda color naranja, pintada alrededor de los empaques que contenían este letal producto.

Durante los siguientes años, el Ejército estadounidense realizó 8 mil 532 misiones de fumigación, en las que se utilizaron más de 20 millones de galones de este herbicida. Tales acciones militares fueron dirigidas a más de 25 mil pueblos y aldeas, donde afectaron más de 2.6 millones de hectáreas y, aproximadamente, a 5 millones de personas, de las cuales cientos de miles murieron como consecuencia inmediata, millones siguen padeciendo los efectos del agente naranja y miles de niños aún nacen (después de cinco décadas) con deformaciones; sin brazos, sin piernas y con enfermedades congénitas. Esa es la herencia de la guerra.

En el hospital de Tu Du, de la ciudad Ho Chi Minh (Saigón), se encuentra un laboratorio que los vietnamitas han dado el nombre de “Museo del horror de la dioxina”, en donde se muestra una colección de grotescos fetos y niños nacidos con dos cabezas, sin brazos, sin piernas y se pueden ver hermanos siameses compartiendo una cabeza desproporcionada, un tronco con dos cabezas, casos de anencefalia (ausencia de cerebro), de microcefalitis (cerebro pequeño) y demás malformaciones y anomalías genéticas imposibles de describir.

Hoy día, los hijos del agente naranja comprenden hasta cuatro generaciones como resultado de las mezclas de las migraciones. Son incalculables las familias que cuentan entre sus miembros a un discapacitado, adulto o niño, que debe recibir atención médica y quirúrgica, una rehabilitación apropiada, prótesis, sillas de ruedas y otros elementos adaptados.

El vietnamita no es un pueblo rencoroso y admite, con estoicismo, lo que aconteció; no obstante, reclama sus derechos. Las asociaciones que representan a las víctimas han presentado, en varias ocasiones, demandas ante tribunales de Estados Unidos contra compañías que, directa e indirectamente, tienen responsabilidad en los bombardeos con el agente naranja.

Estas mismas compañías siguen produciendo herbicidas que se utilizan como arma química en Colombia, con la excusa de la lucha contra las drogas que, como el agente naranja, están acusados de producir linfomas a bajas dosis.

Confiamos en que con el apoyo de la opinión pública mundial y con la contratación de abogados solidarios estadounidenses, los vietnamitas lograrán obtener las indemnizaciones que hasta hoy día se les han negado.

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