REUBICACIÓN

El Museo de Arte Contemporáneo: Arturo Rebollón Hernández

La idea de ubicar un museo de arte contemporáneo en el Casco Antiguo de la ciudad no es descabellada, pero eso sí, como su nombre lo indica debe tener un estilo modernista que no va acorde con lo que se intenta preservar en el área.

Para que sea admisible una irrupción arquitectónica de esa magnitud en el sitio, esta debe ser algo excepcional, todo un icono arquitectónico, una joya con mucho espacio. Características estas muy alejadas de lo que, recientemente, se nos mostró como la expectativa de lo que se pretende construir: se trata de un edificio simplón, algo parecido a los de estacionamientos con alguna pared de vidrio.

Ya es tiempo de que los gobernantes de este país piensen como estadistas e impulsen obras que no sean solo para hacer bulto. En otros países, los museos de este tipo se han convertido en símbolos que los identifica; pero dudo mucho que el diseño intrascendente que vimos sirva para alguna referencia de Panamá.

Estos edificios deben ser monumentales, su diseño debe someterse a un concurso libre y, escoger, públicamente al ganador. Esto motivaría que los arquitectos y artistas dieran rienda suelta a su imaginación; claro está, dentro de unos parámetros establecidos y a un costo razonable. Ese es el kit del asunto. Sería ideal que el diseño escogido sea producto de la imaginación de un panameño. Mucho tendría que decir el Colegio de Arquitectos al respecto, que pareciera no darle la importancia que tiene un proyecto de esta índole, debido a su autoexclusión.

Además, la ciudadanía también tiene derecho a opinar sobre una obra llamada a ser un sello de distinción del país. Nosotros tenemos derecho a participar en las decisiones importantes, para no quedar al vaivén de la voluntad de políticos y empresarios. Ya tenemos el triste ejemplo del mal llamado edificio “la Tusa”, que se pretendió construir en la Ave. Balboa por el capricho de un empresario millonario y político fracasado, que nos costó al resto de los panameños (no al promotor) alrededor de 10 millones de dólares, en la demolición, planos y la pérdida de otro edificio irreemplazable y único, cuyo costo superaba los 50 millones de dólares.

No podemos seguir permitiendo estos atropellos, conscientes o inconscientes, que afectan la identidad del país.

El diseño de un edificio como el Museo de Arte Contemporáneo no debe adjudicarse en secreto. Aunque sea imperativa su reubicación, no puede obviarse el proceso natural de selección, sobre todo, porque esa obra se convertirá en una ventana al mundo que expondrá el talento de la arquitectura panameña.

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