IMPORTANCIA

Navidad, la búsqueda de sentido: Charlie Del Cid

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Nuestro mundo occidental tiene la Navidad como su fiesta más importante. A nivel secular, mundano, el nacimiento de Jesucristo impacta más que su misterio pascual. La Navidad es hermosa. En el norte la nieve le da un toque mágico. Las ventas en esta época son únicas. Ahorramos para comprar. La Navidad celebra la kénosis –abajamiento en griego– de Jesucristo. Dios se hace hombre asumiendo nuestra naturaleza y nuestras limitaciones como la enfermedad. Este misterio del abajamiento se completa con su muerte. Hizo el camino de todo hombre, menos en el pecado, dice la Biblia.

Europa se fue estructurando, entre luces y sombras, con el desarrollo del cristianismo. Hacia el siglo XV, la cristiandad empezó a resquebrajarse por la Reforma de Lutero. La religión dejó de ser fundamental para muchos, pues la razón y la ciencia podían resolver los problemas y angustias de la humanidad. Este ideal de la Ilustración y de la racionalidad sin Dios hizo aguas en el siglo XX con dos guerras, pero el mundo sigue celebrando la Navidad. El cristianismo es cuestionado y puesto bajo la lupa del espíritu de la sospecha. Marx, Nietzsche, Russell, Freud, Sartre, Dawkins, Hawking han minado las bases de la fe cristiana. Las falencias de nuestras iglesias hacen que se aplique sobre el cristianismo la falacia Ad Hominen: Si el mensajero muestra errores, lo que enseña o predica no debe ser verdad.

Sin embargo, seguimos celebrando la Navidad. Claro, despojándola, en muchos casos, de su contenido religioso. Por eso se prefiere decir “felices fiestas”, pues así no ofendemos a los ateos, agnósticos, librepensadores que desean los frutos de la Navidad –paz, alegría, solidaridad, fraternidad, gozo– sin el resto del paquete: Aceptar a Jesús como señor de nuestras vidas. Alguien decía que el niño Jesús nos es más cómodo: podemos manipularlo o arrinconarlo a nuestro gusto. El hombre de Galilea, el maestro, nos incomoda; nos pide perdonar, cargar la cruz, renunciar a nuestros egoísmos, poner la otra mejilla, amar a los enemigos...

Es de maravillarse cómo Dios se amolda a nuestras cosmovisiones. El pueblo hebreo repudiaba la consulta a los astros y obras de adivinación. A los sabios de oriente –reyes magos– les habló a través de un fenómeno estelar. Dios busca la manera de acercarse a nosotros. ¿Cómo permitirle que se acerque? El camino es la sencillez y la humildad. Ponernos de rodillas. Reconocer nuestra pobreza. Termino con una leyenda preciosa. Cuando los pastores fueron a ver al niño, todos se afanaban por llevarle un regalo, aunque fuese sencillo. María y José querían atenderlos a todos. Había un pequeño pastor pobre que no pudo llevar nada. Estaba en un rincón de la estancia. María lo vio y le pidió que cargara al bebé, mientras ella recibía a las visitas. No tenía nada, fue ante Dios, reconociendo su pobreza y recibió el regalo más grande: tenía al hijo de Dios entre sus brazos. En la Navidad del Año de la Fe, seguro habrá algo en lo que ceder, alguna situación conflictiva para buscar acercamientos, no desencuentros. Jesús es la Navidad.

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