ACTOS CRIMINALES

El ‘perdón’ de Noriega y la sensación de impunidad es culpa de la invasión: Olmedo Beluche

En esencia, Noriega pidió perdón a quienes hubiese ofendido durante el ejercicio de sus funciones militares, ya fuese en acato a órdenes superiores o dándola a sus subalternos durante el régimen. Él apeló a la conocida “obediencia debida”, por la que los militares del cono sur pretendieron zafarse de su responsabilidad frente a la violación de los derechos humanos.

La declaración de Noriega dividió en dos la opinión de la ciudadanía. Algunos, como el propio presidente Juan Carlos Varela, dieron a entender que se debe aceptar la disculpa y “pasar la página”, porque aquellos hechos ya estarían superados, y no tienen nada que ver con el presente de Panamá. La opinión contraria la dieron los familiares de las víctimas de la dictadura, quienes no aceptan tal disculpa porque no es honesta ni clarifica lo sucedido con las personas desaparecidas y asesinadas.

Prevalece en la ciudadanía la sensación de impunidad, de que el pedido de perdón de Noriega no es más que otra jugarreta jurídica para escapar –medida “cautelar” mediante– de su responsabilidad por los graves delitos que se le imputan. Como en otros casos judiciales de “alto perfil”, en los que prevalece el peculado y la corrupción y con empresarios millonarios que son imputados, pero terminan “pagando” su culpa en lujosas residencias (piscina incluida), gracias al milagro del “depósito domiciliario”.

La sensación de impunidad no se desvanece, pese a que Noriega tiene razón al señalar que ya ha estado preso por más de 26 años, lo que supera la pena máxima establecida en la fecha en que se cometieron los delitos que se le imputan. Tampoco se supera la sensación de denegación de justicia porque sus abogados alegan que está enfermo y supera la edad en que la mayoría de los condenados solicita el arresto domiciliario, según la legislación vigente.

Noriega está detenido en la cárcel El Renacer por una arbitrariedad jurídica, una injusticia impuesta por los oligarcas panameños que en la década de 1970 hicieron negocios bajo el auspicio de los militares; esos que en la década de 1980 pidieron la invasión para sacarlo del poder, porque era un estorbo a sus negociados; que en 1990, en plena invasión estadounidense, a través del triunvirato Endara–Arias Calderón–Ford, le pidieron al gobierno de George Bush que se lo llevara, frustrando cualquier pedido judicial en Panamá; que durante más de 20 años hicieron lo posible para que no volviera y lo retuviera Estados Unidos apelando a cualquier arbitrariedad, de manera particular a través del gobierno de Martín Torrijos, del PRD.

Digámoslo como es, la sensación de injusticia e impunidad que sienten las víctimas del régimen militar y sus familiares, como la que pueda sentir el propio Noriega, se debe a que la invasión estadounidense del 20 de diciembre de 1989 fue un acto violento e inhumano que se hizo para que los panameños no tuviéramos democracia, justicia, ni equidad social.

El gobierno de Bush y el imperialismo yanqui, que actuó con la complicidad de los jefes de la Cruzada Civilista y del propio Noriega (preparó las condiciones internas y luego huyó y se entregó cobardemente), fueron los responsables de la invasión. Esta se produjo para impedir que el pueblo panameño derrotara al régimen militar en las calles e impusiera, mediante un acto soberano, un Estado realmente democrático y alcanzara la justicia real y efectiva frente a los crímenes cometidos bajo el régimen militar.

Hoy, la falta de verdadera justicia, la impunidad, la corrupción generalizada, el régimen oligárquico con apariencia de democracia, la inequidad social, y todas las desgracias que sufre este país tienen su origen en la invasión de 1989, y son responsables, por ello, tanto los ejecutores materiales, como quienes la han apoyado, pretendiendo que el único culpable era Noriega.

No, señor presidente Varela, la página no se puede pasar porque todavía vivimos las consecuencias del régimen militar y de la invasión. Mientras no se encuentre al último desaparecido del régimen militar, mientras no se establezca la lista completa de los muertos en la invasión, no puede haber perdón, olvido ni pase de página para ninguno de los hechos criminales acontecidos en Panamá.

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