AMAR, RESPETAR Y VALORAR

Noviembre, mes de Panamá: J. Enrique Cáceres-Arrieta

Me gusta noviembre, porque en él celebramos el mes de la Patria. Treinta días en los cuales festejamos el nacimiento de esta mi segunda patria Panamá, que me ha adoptado como a uno de sus hijos. He vivido aquí más que en Barranquilla o en cualquier otro lugar. Dicen que uno no es de donde nace, sino donde lucha y muere. Amo a Panamá como si hubiese nacido aquí. Más aun (y no estoy haciendo propaganda), si fuese constitucional, me gustaría ser Presidente para demostrar a los politicastros que el país no es el problema. La deshonestidad y desidia de ellos, lo es. Noviembre, pues, es el mes de nuestra nación.

En otros pueblos celebran fiestas patrias en uno o dos días. Panamá es única. Aquí las celebramos desde el primer día del mes con la siembra de banderas. El 3, separación de Colombia; el 4, día de la bandera. El 10, primer grito de independencia; el 28, independencia del yugo español. Celebramos como nadie. Pero pesa y avergüenza que el común de los panameños jóvenes y no tan jóvenes coja más en serio los carnavales que las fiestas patrias. Y que los medios de comunicación den más preponderancia a esas fiestas mundanas que a la patria. Es cuestión cultural. Y de dinero.

No pocos panameños prefieren hacer de todo menos ver desfiles estudiantiles (no a gorilas disfrazados y armados tomándose el acto), sembrar banderas, colgar bandera en su residencia, escuchar pasillos, tomar sancocho. Verdad es que un sinnúmero de panameños sale de la capital para el interior (otros viajan al exterior huyendo, dicen, de tambores y trompetas). Mas, ¿cuántos se involucran en las fiestas patrias? Pocos. Buena parte de los compatriotas prefiere realizar cualquier otra actividad que conmemorar estos días. Cerveza, droga y tabaco son los atractivos. Es cuestión cultural.

Muchas personas sienten satisfacción (no xenofobia) por la tierra en que nacieron. Los panameños también tenemos razones para estar agradecidos por este pedazo de tierra ubicado en el corazón del continente americano y en forma de ese acostada. Obviaré ahondar en los símbolos patrios, porque hace poco suscitaron polémicas y no deseo quedar en medio de tremendo arroz con mango. Los panameños debemos amar y respetar nuestros símbolos. Amarlos y respetarlos no es “adorarles”, como cree una secta religiosa por ahí. Hay personas eruditas en confusiones y medias verdades. Otros son expertos en culpar a Dios y a la religión por la hipocresía y fanatismo religiosos. ¡Gentes veredes, Sancho!

Siento escalofríos al darme cuenta de que mucha gente menuda no sabe qué celebramos el 1, 3, 4, 10 y 28 de noviembre. Ni cuántos años celebramos desde la separación de Colombia. Ni qué significan los colores y las dos estrellas de la bandera. Tampoco saben que la flor símbolo de nuestro país es llamada “Flor del Espíritu Santo”. Ni que el ave símbolo es el águila harpía. Temo que demasiada juventud no sabe muchas cosas que debería saber y conoce lo que no debería conocer. ¿Sabrá de la pollera, el montuno, la música, bailes y danzas? No. Grave. Es síntoma de mala educación en casa y en la escuela. Pésima cultura patria.

Si el panameño promedio no sabe qué conmemoramos equis día de noviembre, ¿podrá sentir el día como suyo? No. Por eso no comulgo con días puentes. Contribuyen a que se diluya el sentir patriótico. Si se ignora el contenido y significado de nuestro escudo y bandera, ¿se podrá sentir gozo de ellos? No. Se ama lo que se conoce. Tal panameño será del montón que prefiere playa o encerrarse en casa a chupar cerveza en lugar de reflexionar sobre nuestra cultura, escuchar pasillos y música típica. ¿Cuántos saben cuáles son los ritmos de la música típica? ¿Cuántos conocen que tenemos una música elegante y preciosa llamada pasillo? Pocos.

El panameño debe dominar no solo qué celebramos en noviembre, sino también sobre el Canal y en cuanto a geografía e historia. Es inadmisible que ignoremos esas asignaturas. Hace unos años viví en Argentina. Alguien me preguntó sobre nuestro Canal interoceánico. Formularon tantas preguntas que habría metido la mata si no hubiese estado preparado para responder.

Los medios –sobre todo la televisión, pues el mensaje que entra por ojos y oídos perdura más– deben hacer campaña a fin de que la niñez y juventud aprendan sobre Panamá. Estoy harto de que las televisoras muestren solo entretenimiento y diversión y pasen por alto educación y cultura porque reportan poco para sus cuentas bancarias. ¡Abajo Mammón!

El presente y el futuro están en la niñez y en la juventud y deben ser instruidas en casa y fuera de ella que deben amar, respetar y valorar la tierra que los vio nacer o que les acogió en su seno. Hace un año narré en esta columna cómo llegué a estas tierras y lo que tuve que aprender –siendo menor de edad– para integrarme a la cultura panameña. Si lo logré yo que no nací aquí, ¿cuánto más los que han nacido en esta bendita tierra?

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