CORRUPCIÓN Y CLIENTELISMO

Olvídate de los indignados: Efraín Hallax

La clase media panameña se extingue igual que nuestros bosques. La indecencia y la avaricia se enseñorean en mi patria, con túnicas púrpura y uniformes de empresarios y democracia. Nada se escapa a estos monstruos; nadie es inmune a sus mordidas y a su veneno.

No existe ningún lugar bajo el cielo donde podamos sonreír, pensando que aquí es donde habita la justicia; un lugar donde mirar nuestro entorno y descansar. ¿Cómo hemos llegado a este punto? ¿Cómo hemos saltado de la barbarie de ser una colonia española, a convertirnos en una nación en la que, antes de llegar a nuestra decadencia, obviamos nuestro paso evolutivo por la civilización?

Aumenta nuestro producto interno bruto a niveles maravillosos, suben las ganancias corporativas como maná de las palmeras, y crece la impunidad de quienes aprovechan el poder para enriquecerse. No hay que ser un genio en economía para darse cuenta de la inflación endemoniada en la canasta básica. Lo triste es que no debiera ser así; se impone un capitalismo inescrupuloso, en medio de una clase media debilitada y una enorme población con sueldos de miseria.

Que conste que sin capitalismo no hay progreso; tomemos nota de que sin negocios no hay empleos ni economía saludable. No censuro a ese capitalismo consciente, formado por empresarios decentes. Censuro, eso sí, al capitalismo salvaje de nuestra patria; aquellos que jamás pueden saciar su infinita avaricia por dinero y poder, aunque tengan que matar de hambre al resto. “Energía barata para el pueblo”, gritaban los ñángaras torrijistas a todo pulmón. Cada día hay más hidroeléctricas, pero cada segundo sube más nuestra cuenta de luz. ¿Por qué? Todo es para las grandes compañías que se niegan a compartir un poquito de bienestar con el resto de la población. Crear una clase media saludable es la base fundamental de toda economía moderna. Copa, nuestra aerolínea nacional, tiene uno de los pasajes más caros por milla del mundo. Tenemos café, camarones jumbo, vegetales de las tierras altas, oro y minerales en cantidades inimaginables, maderas preciosas, puertos, Zona Libre, bancos que irradian riqueza, un Canal y entradas billonarias en servicios. Pero los sueldos miserables no guardan relación con las ganancias de los empresarios.

Nadie te da un respiro; nadie, excepto el Gobierno con sus subsidios. No hay aumento de sueldos; pero los subsidios superan ya los mil millones de dólares. Dentro de cuatro años, cuando se acaben las vacas gordas, entenderemos lo que significa la palabra subsidio, acompañada de bombas molotov y huelgas. Subsidio a todo cuanto se mueva y respire, incluyendo exonerar de impuesto a todo panameño que gane menos de $900 mensuales (el 70% gana menos de $600). La respuesta lógica debía ser, “apliquemos un salario mínimo de $900 mensuales, y bajemos la base tributaria, eliminando los subsidios”. Pero los empresarios piensan diferente, los políticos los apoyan y la clase media se desintegra. “Capitalismo salvaje”, gritó el poeta indignado; “terrorista”, susurraron los avaros. Nadie piensa en la clase media; a nadie le importa. Sencillamente, no existimos. La clase media es la columna vertebral de una nación; es el barómetro que mide la verdadera prosperidad de un conglomerado social. Dime cuánto creció la clase media este año y te diré cuan bien está haciendo el Gobierno.

Veo, con horror, cómo los diputados de mi patria reciben $175 millones para repartir jamones y miserias con mis impuestos, sin ningún control. Y recuerdo, con frustración, el proverbio chino: “Dale un pescado a un hombre y comerá un día; enséñale a pescar y comerá todos los días”. En todo el mundo proliferan los indignados por la corrupción sin castigo, en abierta colusión entre gobernantes, políticos y empresarios inmorales. En mi caso, esa palabra no describe mi estado emocional. Estoy em... o, como lo indica la Real Academia Española, estoy encolerizado. Con $175 millones toda una juventud hubiese podido ser capacitada para engrosar la clase media empresarial, en lugar de malgastarla en pavipollos.

Espero que el directorio de mi partido Cambio Democrático (CD) que quiere lanzarse para presidente, antes de atreverse siquiera a delirar con serlo, se esfuerce en comprender que mis sentimientos reflejan al de miles de panameños. Queremos progreso, pero necesitamos un liderazgo inspirado en la honradez... que condene y rechace la corrupción y el clientelismo. Y es que no se debe gobernar con criterio populista, ni para favorecer a la clase empresarial o a los parcieros ladrones. El liderazgo de CD tiene que entender que vamos hacia la muerte política, si no abrazamos la honradez... los valores superiores. Tenemos que expresar nuestra ira por el estado de cosas con todas las fuerzas de nuestra alma. Después de ayudar a modernizar a Panamá con nuestros impuestos, tenemos derecho a que todos los ladrones entiendan que nuestra cólera es mucho mayor que nuestra indignación. Y que esperamos verlos en la cárcel más temprano que tarde.

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