DICTADURAS

Once infausto: Carlos Guevara Mann

Cuarenta años atrás, Chile vivió su momento más dramático del siglo XX. El 11 de septiembre de 1973, las fuerzas armadas derrocaron al presidente Salvador Allende. Augusto Pinochet, jefe del ejército, instituyó un régimen de terror que persiguió, torturó y asesinó a miles de chilenos.

Ningún evento histórico de semejante magnitud ocurre en el vacío. El camino hacia el golpe chileno de 1973 es complicado y parte de las complicaciones que condujeron a su propio derrocamiento son atribuibles a las políticas del Dr. Allende. Luego de obtener una pequeña mayoría en la elección de 1970, Allende pudo acceder a la Presidencia tras lograr el apoyo del Partido Demócrata Cristiano, a cambio del compromiso del Presidente de respetar las garantías fundamentales. En ejercicio del poder, sin embargo, Allende tomó medidas que violentaron la separación de poderes y las libertades individuales.

Su discurso radical y las medidas que lo acompañaron polarizaron profundamente a la sociedad chilena. El deterioro económico, acentuado por medidas estadounidenses –abiertas y encubiertas– contra su gobierno, causó mucho desasosiego y malestar en la población.

Los excesos del gobierno de Allende, sin embargo, jamás podrán justificar la intromisión de las fuerzas armadas para derribarlo e instituir una dictadura de proporciones abominables. Las investigaciones de la Comisión de Verdad y Reconciliación y la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura concluyeron que al menos unas 35 mil personas fueron torturadas y 2 mil 279 fueron ejecutadas durante el período militar. Las víctimas de desapariciones forzadas ascienden al menos a mil 248; el número de exiliados, a unos 200 mil; y otros cientos de miles fueron ilegalmente detenidos. La dictadura chilena significó un retroceso significativo en términos democráticos. Según Polity IV, una base de datos internacional que anualmente sitúa a los sistemas políticos del mundo en una escala entre +10 (altamente democrático) y –10 (altamente autocrático), entre 1935 y 1972 Chile evidenció un progreso hacia la democracia, alcanzando un puntaje de +6 en 1964, que mantuvo hasta el golpe de 1973. Tras este acontecimiento, el puntaje descendió a –7, “mejorando” a –6 en 1983 y –1 en 1988, en las postrimerías de la dictadura.

Cuarenta y cinco años atrás, en septiembre de 1968, Panamá vivía también su tránsito hacia la dictadura. En mayo de ese año, el reconocimiento del triunfo electoral del Dr. Arnulfo Arias fue posible tras un acuerdo con la Guardia Nacional, cuya cúpula accedió a permitir el ingreso del Dr. Arias en la casa presidencial a cambio de su compromiso de respetar el escalafón del organismo armado.

Que un acuerdo de ese tipo fuese necesario para dar sustancia al resultado de una votación popular demuestra las imperfecciones del régimen político vigente, altamente influenciado por una Guardia Nacional a su vez penetrada por intereses estadounidenses. Aun así, el camino parecía allanado para el ascenso al poder del legítimo triunfador en los comicios presidenciales.

En los meses siguientes, sin embargo, se acusó al bando triunfante de manipular el escrutinio de diputados y concejales para crear, en la Asamblea Nacional y los consejos municipales, mayorías afectas al gobierno entrante. Una vez en la Presidencia, los traslados y destituciones en la cúpula de la Guardia Nacional, ordenados por el presidente Arias dentro del radio de sus facultades constitucionales, impacientaron a la oficialidad y condujeron a su derrocamiento el 11 de octubre de 1968.

La dictadura instaurada en esa fecha, que rigió con brutalidad los destinos del país por más de dos décadas, instigó, como en Chile y otras partes del continente, el terrorismo de Estado. La Comisión de la Verdad de Panamá documentó la muerte o desaparición forzada de al menos 110 personas entre 1968 y 1989.

Panamá vivió, durante esos años, incidentes de represión nunca experimentados, similares a los de Chile, según lo indica el índice de Polity IV. El puntaje de Panamá en la víspera del golpe (1967) era +4. Derrocado el régimen constitucional, descendió abruptamente a –7, “mejorando” a –6 en 1978 y –5 en 1983. Declinó nuevamente a –6 como resultado del escandaloso fraude electoral de 1984 y en 1987, en el apogeo de la narcodictadura norieguista, se precipitó a –8, el nivel más bajo de la historia panameña.

Ambas dictaduras, implantadas un funesto día 11, comparten rasgos de maldad y degeneración. La autocracia chilena es más conocida por su represión; la tiranía panameña, por su narco corrupción.

Ambos sistemas recurrieron a la violencia estatal y el atraco a los recursos públicos sin respetar límites de ningún tipo. Ambos, en conclusión, demuestran lo pernicioso que es el autoritarismo para el desarrollo de los pueblos y la responsabilidad que atañe a los dirigentes civiles del Estado de prevenir crispaciones que abaniquen incursiones militares en el gobierno de la República.

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