INTERESES DE ESTADO

¿País político o país nacional?: Domingo M. González

Frente a los acontecimientos políticos vividos en casi 111 años de nuestra vida republicana, cabe preguntarse: ¿Acaso será el talante del criollo politiquero y/o politicastro nacional, equivalente al saqueo patente de los colonizadores? ¿Por qué parte de la sociedad lo comparte? ¿Han sido o son diferentes estos incidentes en Latinoamérica? “La patria tiene intermitencias, su unidad moral desaparece en cada época de rebajamiento cuando se eclipsa todo afán de cultura y se enseñorean viles apetitos de mando y de enriquecimiento”, expresó alguna vez José Ingenieros.

Derivando lo expresado, en mi opinión, dos nefastas intermitencias entre otra, hemos vivido durante 111 años en nuestra patria, y que corresponden a los sufridos 21 años de dictadura y a los tolerados últimos cinco años de autocracia, pero con ajustadas y perversas secuelas. Desafuero, malversación, corrupción, servilismo y enriquecimiento ilícito, entre otras inmundicias, distinguieron estas intermitencias, ejecutadas por los mismos y nuevos personajes, con la aceptación de gran parte de la nación, persuadida por el diseñado “país político”.

Es menester distinguirlas para entender las malversaciones y jamás olvidarlas. Al inicio de la primera infausta intermitencia (1968), la deuda pública contractual era de $206 millones, y al finalizar esta (1989) aumentó a $4,968 millones, y sumada a los $7,259 millones como deuda no documentada totalizó $12,227 millones. Es decir, un incremento de $12,021 millones en 21 años.

En el ocaso de la segunda aciaga intermitencia, la deuda pública contractual suma $17,362 millones, que añadida a los $4,118 millones de la siniestra “llave en mano”, totaliza $21,480 millones. Esto representa un incremento de $10,680 millones (100%) en cinco cinco años, considerando que al inicio (2009), la deuda pública era de $10,800 millones.

Como se observa, la intermitencia dirigida por el mercader Ricardo Martinelli, superó de forma descomunal a la primera, y si esto no se transmite en las escuelas y la sociedad no presencia la correspondiente justicia que lleve a la cárcel a los protagonistas principales de esta segunda rapacería, entonces se puede imaginar cómo será la tercera intermitencia, tal vez con los mismos actores de las anteriores, incluyendo a su electorado.

Inadmisible es soslayar cómo se llegó a atentar contra la majestad de la patria en las aludidas intermitencias. En la primera, con el fatídico tratado dos en uno “concerniente a la neutralidad permanente” y el “concerniente al funcionamiento del Canal de Panamá”, vigente y a perpetuidad, con sus instrumentos de ratificación. Y en la segunda, el enmarañar al Estado en negocios de “corrupción internacional”; ofensa a la patria y a la nación panameña, imposibles de olvidar por el “país nacional”.

No obstante, lo cierto es que en este nuevo momento político que vivimos por decisión soberana, es preciso conocer esta pesada realidad económica que nos deja como herencia el autócrata defenestrado por el pueblo decente, el pasado 4 de mayo, algo que aún no ha podido asimilar. Esta corrupta intermitencia nos debe motivar a reflexionar la disyuntiva: “país político o país nacional”. El nuevo gobierno tiene la oportunidad de empezar a construir el segundo.

El “país nacional” pertenece a la nación, e incluye nacionalidad y nacionalismo, fundamentado en una Constitución nacida en democracia. A la fecha, al “país político” le ha sido conveniente mantener la Constitución abortada en dictadura, para no asolar su interés de seguir usufructuando de la patria.

El “país nacional” solo surge en democracia, jamás en dictaduras, autocracias, y/o señoríos del siglo XXI. El 9 de enero de 1964 este se hizo presente. El sincronismo de espíritu y aspiración de la nación por la grandeza de la patria surgió, y obligó la adhesión del gobierno de turno. Infortunadamente, la nacionalista gesta fue traicionada y humillada en la primera intermitencia, para favorecer al “país político”.

Es inaceptable ver la impávida actitud de la sociedad y autoridades del “país político”, frente al cínico desparpajo mostrado por los inmundos protagonistas de las descomunales malversaciones jamás vividas, al desafiar a la nación en los medios, arguyendo que su corrupta como populachera actitud es normal y legal.

Sin dudas, la miseria económica y/o moral es la peor enemiga de la dignidad, y en ella se basa la populachería del “país político”. Desconocerlo tiene en contra las obras de las escuelas, iglesias y hogares. Como educadores, corresponde a las autoridades educativas nombradas, junto a sus colegas en el sistema, la responsabilidad principal en la formación intelectual que requiere la nación del “país nacional”, señaladas en el artículo 10 – “Fines de la educación panameña”–, de la olvidada ley Orgánica de Educación.

El sincronismo de espíritu necesario para lograr el “país nacional” es posible entre docentes. Su construcción empieza por la educación, no por las dádivas. Solo así se logrará lo dicho por Gabriela Mistral al final de su poema dedicado al educador: “Si tu alumno quiere parecerse a ti, entonces tú eres maestro”. De la actitud de todos dependerá si el perverso “país político” prevalece o por el contrario imponemos el preciso “país nacional”.

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.

Por si te lo perdiste

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Directorio de Comercios

Loteria nacional

20 Sep 2017

Primer premio

7 6 3 4

BAAB

Serie: 14 Folio: 4

2o premio

8739

3er premio

8290

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código