RECUPERACIÓN

Panamá después de la invasión: Arturo Coley Graham e Inés Tazón

Hace 25 años, los aquí firmantes vivíamos al otro lado del Atlántico en una España en crecimiento y que consolidaba su democracia. Uno era un joven periodista en un país extranjero con el sueño cumplido de haber realizado sus estudios de doctorado en Ciencias de la Información. La otra aún no llegaba a los ocho años de edad, pero devoraba los noticiarios, como premonición de lo que habría de ser futuro laboral.

Hace un cuarto de siglo, amanecimos con las aterradoras noticias de que Panamá había sido invadida y que el caos, los saqueos, el temor y la inseguridad se apoderaban del país. Los medios hablaban de soldados, de tanques y de bombas. Se referían a la censura y a los riesgos de informar y de tratar de contar la verdad. Tal vez por esto, ninguno de nosotros dos lográbamos entender qué había pasado y mucho menos prever qué podía suceder.

En aquellos últimos días de la década de 1980, el mundo se enfrentaba a la agonía del sistema comunista y quizá por eso prestó tan poca atención a lo que sucedía en el istmo panameño. Fueron 15 días de vértigo, unas navidades sin celebración. Sin embargo, este humilde texto no pretende recordar el dolor. Estas letras escritas al alimón aspiran a ser un homenaje a los 25 años que han pasado desde aquel diciembre de 1989, aquel tiempo sin causa y sin justicia.

Los españoles que hemos tenido la posibilidad de vivir en Panamá nos sorprendemos de la enorme fuerza del pueblo panameño para sobreponerse al dolor y para no permitir que traumas pasados empañen el futuro. Todo lo contrario sucede en la “madre patria” que sigue pensando el presente en clave de una guerra que acabó hace casi 80 años y cuyos vencedores y vencidos ya no están en este mundo.

La explicación de esta diferencia de entender la realidad tal vez resida en el desfase generacional de padres e hijos. La “madre patria” cada día parece más una abuela consciente de que este tiempo no es el suyo. Mientras tanto Panamá pertenece a una nueva generación de países, con juventud de espíritu y fortaleza en el crecimiento; y qué mejor ejemplo de este cambio de papeles que nosotros mismos. Casi 25 años después de la noche del 19 de diciembre de 1989, los aquí firmantes nos conocimos en la Universidad de Panamá, siendo uno catedrático universitario y la otra una joven profesora, también de enseñanza superior, en busca de un futuro mejor.

Amigos y hermanos panameños, esta ha sido vuestra gran victoria. En el último cuarto de siglo habéis logrado convertir vuestra patria en el centro latino de los negocios, atrayendo talento e inversiones. Habéis tomado el mando del tránsito marítimo de mercancías, y no contentos con una ruta del siglo pasado, habéis construido el Canal de Panamá para el siglo que viene. ¡Felicidades!

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