CASCO ANTIGUO

Panamá ¿la perla negra?: José Antonio Ardila Acuña

Cuenta la reciente leyenda que al chocar La Perla Negra contra los arrecifes cercanos a El Chorrillo los tablones que se desprendieron de la nave y sus cañones fueron creando un retén en el que, con el tiempo, barriles vacíos de ron, canecas sin aceite, muebles desvencijados, desperdicios inorgánicos y orgánicos y demás inmundicias, que vienen flotando desde la costa, se fueron sedimentando y elevando, permitiéndoles a los vecinos cercanos caminar por ellos para ir a buscar su sustento diario, gracias a la pesca.

Este constante ir y venir permitió que se formara un camino por donde hoy día pasean las familias con sus hijos y la utilizan los corredores, turistas, amantes de la naturaleza y del atardecer, juerguistas, etcétera.

Sigue contando la leyenda que el mástil y los demás palos que sostenían las velas que ayudaban a que la Perla Negra navegara se convirtieron en fornidos troncos, y las velas en hermosas pencas de exóticas joyas del reino vegetal: en palmeras.

Pasaron los años y nadie volvió a recordar sobre los tesoros que, supuestamente, quedaron enterrados, hasta que apareció el espíritu de Barbosa en un nuevo pirata que desea remover parte del causeway y rescatar las 882 monedas aztecas y demás alhajas para, con el dinero que se obtenga de su venta, construir una pomposa ciudad marina y otra calzada que rodee El Chorrillo, no sin antes pasar por el Casco Antiguo, y llegue hasta los restos de La Perla Negra. En fin, tendríamos una sola cinta costera desde el aeropuerto hasta la calzada de Amador.

Parece que todas estas ambiciones se están desvaneciendo, porque Juan Carlos, el de España, ha reclamado como propiedad de su reino todo el contenido del cofre de piedra. Lo que ignoran los Barbosa modernos y demás corsarios y filibusteros, es que sobre La Perla Negra pende una maldición: todos aquéllos que se apropien indebidamente de las piezas doradas contenidas en el cofre de piedra que transportaba este navío quedarán malditos eternamente, serán inmortales aunque no podrán sentir nada y se transformarán en esqueletos vivientes a la luz del día.

La verdad es que no me convence mucho esa maldición de que sean inmortales. Y tampoco me parte el alma aquello de que no puedan sentir nada, porque hace tiempo que dejaron los sentimientos de lado. Lo único que me hechiza es que se transformen (¿o ya se han transformado?) en esqueletos vivientes sin que puedan ni comer ni beber. Por mi parte estoy impávido, ya que pronto desaparecerán todos estos piratas, porque no habrá nada que robar en las riberas de esta acogedora e impar ciudad de Panamá.

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