RÉGIMEN AUTOCRÁTICO

¡Panamá, despierta y participa!: Temístocles De Obaldía

Hoy nos sentimos preocupados por el futuro del país. Vemos comportamientos muy negativos que no concuerdan con los valores y principios democráticos.

En 1977, inicié mi participación política en Chiriquí a raíz del debate nacional que generaron los Tratados Torrijos-Carter. Al trasladarme a la ciudad de Panamá en 1980 para hacer estudios universitarios, continué la actividad tanto en la universidad como en la democracia cristiana. En diciembre de 1983 acepté el reto que me propuso el doctor Ricardo Arias Calderón de ser su asistente.

Fueron 10 años dedicados a ayudarlo a luchar por libertad, justicia y construir la nueva democracia. Sacrificamos mucho en ese proceso. Arriesgamos la vida, sufrimos carcelazos, golpes, persecución, amenazas y atentados. Pero nada hizo que nos rindiéramos en el objetivo democrático.

En diciembre de 1993 el Dr. Arias Calderón fue diagnosticado con la enfermedad de Parkinson; esto lo obligó a abandonar su carrera política. A inicios de 1994 dejé la actividad político-partidista, tras 16 años ininterrumpidos, y empecé una nueva etapa en el sector privado, porque pensé que había cumplido con mi país y con Arias Calderón.

Han pasado casi 20 años de estar alejado de la vida política, sin embargo, desde hace dos analizo la situación y he vuelto a sentir profunda preocupación por el futuro de la democracia que nos costó tanto conseguir. Este gobierno habla de sus obras como un gran éxito. Pero un país se construye integralmente, atendiendo muchas necesidades del quehacer nacional. Sin duda han hecho obras, pero también se percibe que hay más corrupción que en cualquier otro gobierno.

Yo me pregunto: ¿cómo puede ser exitoso un gobierno que casi duplicó la deuda pública del Estado, que debemos pagar todos los ciudadanos? Pero no solo eso, este gobierno tiene la más alta percepción de corrupción, ha fracasado en la recolección de la basura y ha convertido a sectores importantes en basureros públicos, a pesar de los cientos de millones de dólares invertidos en maquinaria. Ni hablar de la falta de concienciación mediática dirigida a la ciudadanía para que cumpla con su función cívica de no botar basura en nuestras calles, playas, ríos y quebradas.

¿Cómo puede ser exitoso un gobierno que fracasó en proveer agua potable a cientos de miles de compatriotas en las áreas periféricas de la ciudad de Panamá; que no apoya a los productores agropecuarios con una política de Estado clara y definida que nos permita comprar alimentos a precios justos; que no avanza en materia de seguridad ciudadana; que no logra mejorar todo el sistema del transporte; que no implementa un sistema de salud y educación realmente eficientes y dignos?

¿Cómo puede ser exitoso un gobierno que destruye la institucionalidad democrática, la separación de los poderes y persigue a los opositores a través de los mecanismos de fiscalización y control del Estado; que no combate los vicios y la inmoralidad en su gestión; que ha provocado la muerte de compatriotas en Bocas del Toro, áreas indígenas y Colón sin el menor atisbo de respeto a la opinión popular?

A pesar de estos fracasos, el gobierno ha diseñado un plan para mantenerse en el poder a largo plazo. Es una plutocracia dadivosa que implementa programas sociales con fines políticos. Piensa que todos somos parte de la perniciosa práctica del “juega vivo” y que todos tenemos techo de vidrio. Este plan está concebido para tener el control político, económico y social y perpetuarse en el poder. Pareciera que nos quieren imponer un modelo político al estilo ruso, donde Dmitri Medvédev y Vladimir Putin se alternan el poder con el apoyo de ciertos sectores económicos allegados y dominan algunos de los grandes negocios del país. El control político busca el económico. Las obras gubernamentales solo se otorgan a los allegados.

Los regímenes que nos conducen por este camino, tarde o temprano nos llevarán hacia la destrucción moral y económica. El presidente, Ricardo Martinelli, es la versión contemporánea de Luis XIV, que se caracterizaba por su absolutismo y centralismo y por su famosa frase “el Estado soy yo”. La situación se agravaría si el presidente Martinelli impone a su esposa como candidata a la vicepresidencia y a sus hijos y su secretario privado como candidatos a suplentes a diputados.

El gobierno está muy cuestionado y las recientes publicaciones del juicio en Italia por el caso Finmeccanica por soborno y corrupción, que implica a personalidades italianas y políticos panameños, empañan seriamente la imagen de Panamá. Todos estos temas son caldos de cultivo para un torneo electoral complicado, intrincado y virulento.

Como parte de la estrategia gubernamental, nos quieren hacer ver que la política es sucia, nos quieren cegar con millones de dólares en publicidad estatal, seguirán las grabaciones y acusaciones sobre los malos políticos para desmoralizarnos y, lo que es peor, inmovilizarnos. Entre más nos desmoralizan e inmovilizan, será más fácil controlar el poder y continuar con sus propósitos.

Me preocupa todo esto, porque en la medida en que la gente decente se abstrae de la política y los países entran en crisis, los pueblos subdesarrollados en su desesperación giran como un péndulo y terminan tomando alternativas extremistas y antidemocráticas.

La política es una profesión dirigida a servir con humildad, apoyando a los más débiles y es una vocación que debe estar basada en la moral y la decencia. Como ciudadanos debemos participar en la vida política del país, con convicción y compromiso de trabajar duro para ayudar a rescatar los valores democráticos. Queremos que nuestros hijos vivan en una sociedad con principios y valores. Si la gente decente no lucha contra la corrupción y la indecencia, terminaremos siendo cómplices y transitaremos hacia la destrucción moral, social y económica.

Participemos y seamos los actores de nuestro destino. No queda otro camino realmente viable para esto. Las organizaciones, cualesquiera que fuesen, son buenas o malas dependiendo de quienes las dirigen e integran. No hay espacios vacíos en política, el espacio que deja la gente seria y honesta será ocupado por los corruptos. Así de sencillo. No volvamos a vivir los aciagos años de los 70 y los 80 donde hubo muertos, exiliados y miles de compatriotas que buscaron nuevos rumbos para poder realizar sus sueños.

Hay esperanza y futuro en Panamá si los decentes, que somos la mayoría, comprendemos este llamado. Pudimos haber tenido diferencias políticas o tenerlas ahora, pero nos unen valores y principios fundamentales que estamos perdiendo. Unámonos basados en esos valores y principios, porque solo participando construiremos el Panamá que aspiramos y que nuestros hijos merecen.

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