FALTA LIDERAZGO

Panamá, fragmentada: Ileana Gólcher

Panamá, fragmentada: Ileana Gólcher Panamá, fragmentada: Ileana Gólcher
Panamá, fragmentada: Ileana Gólcher

La profunda crisis social por la que atraviesa Panamá nos convoca a analizar el fenómeno de la participación ciudadana ante el rumbo que puedan adquirir los acontecimientos en los próximos días. Es el resultado de un pasado que muchos insisten en debilitar y borrar, es nuestro presente que sugiere caminos cerrados e insalvables y el futuro que se vuelve incierto, riesgoso, un país casi indiferente, poco indignado para actuar y movilizarse.

Las luchas sociales, que caracterizan el devenir histórico, han contribuido a la conformación de una amplia gama de organizaciones de toda naturaleza que trabajan bajo un paradigma cuyos ejes son la democracia y la libertad y en el otro eje, quienes reclaman justicia, equidad, nuevos derechos para las minorías y reivindicaciones inmediatistas por la sobrevivencia con un mínimo grado de bienestar social. Se ha generado una multiplicidad de agrupaciones gremiales, sindicales, de la sociedad civil, regionales, comunitarias, académicas entre muchas otras cuyas actuaciones resultan necesarias, pero sin un denominador común que permita un pacto nacional para hacerle frente a la crisis actual.

Vivimos la época de retroceso en la solución de los principales problemas sociales: incremento de los subsidios gubernamentales, sin mayores controles e indicadores para su respectiva supervisión, burocracia asfixiante, paternalismo sin pausa y marcado por la corrupción, gobernantes vacilantes, limbos jurídicos que permiten toda clase de atropellos a los derechos ciudadanos, mendicidad institucionalizada a través de direcciones de asistencia social.

Desde hace décadas, la globalización, las grandes transformaciones sociales y la lucha por el poder político de apropiarse de nuevos territorios ha modificado el esquema de relación Gobierno y ciudadanía y vivimos un debate emocional, pleno de intolerancia, sin suficiente capacidad de interpretación y acción, con información de manera oportuna y sin arreglos mediáticos; se hace imperativo un cambio en esta óptica muy cómoda, centrada en intereses individuales, particulares. También hay fragmentación entre los partidos políticos, en los gremios y grupos económicos.

La crisis de los partidos políticos y su clientelismo electoral son otros aspectos por analizar. Panamá vive una crisis de gobernabilidad y carencia de liderazgos democráticos que permitan superar la reelección, que tanto daño provoca en la institucionalidad. Dos grandes fuerzas inciden en la transición hacia la real democracia: Gobiernos sin capacidad de conducir la gigantesca burocracia por incompetencia, artificiales y acomodaticias alianzas y ausencia de profesionales competentes dentro de las estructuras gubernamentales y empresariales, que superen nombramientos partidistas y personales, por encima de la capacidad y honestidad profesional. De igual forma, gobernantes que intentan resolver la corrupción y hacerle frente con equidad social las nuevas demandas sociales. Cada quinquenio se convierte en una plataforma para un menú de promesas electorales, cuyas consignas son la prueba más evidente de la ausencia de ideología política que las sostiene: “El pueblo al poder; más empleo, más seguridad, cero corrupción; caminando en los zapatos del pueblo; ahora le toca al pueblo; el pueblo primero”.

Los sectores sociales son víctimas cada vez con mayor intensidad de las alianzas entre partidos políticos, intereses transnacionales, complacencia de casi todos los organismos internacionales, gremialismo sin bases legítimas que han terminado por vender, concesionar, hipotecar, comercializar, “tercerizar”, en abierto desafío constitucional, los servicios básicos de la población.

Si a esto agregamos la situación de la justicia y el incremento de la violencia en todas las esferas sociales, el panorama resulta caótico. Nada se resuelve. Las noticias reportan las mismas escenas, con aplazamientos sospechosos, llamados a nuevos diálogos, creación de mesas de trabajo, comisión de notables, concertación, consultorías millonarias, adendas permanentes y evidentes signos de corrupción y justicia selectiva.

Las convocatorias a manifestaciones públicas son cada vez más el reflejo de un Panamá fragmentado, con evidente déficit de ciudadanía, sin legítimos líderes que gocen de credibilidad, con capacidad de convocatoria que logre volver realidad la modernización del Estado, el equilibrio de los poderes, y que la aspiración ciudadana y la convocatoria de una constituyente se conviertan en una realidad, antes de que concluya este período gubernamental. ¡Mañana será demasiado tarde!

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