SOCIEDAD

Panamá, dos miradas: Noemí L. Castillo J.

Cuando miramos nuestro país desde la distancia, evocamos lo hermoso de sus paisajes naturales. Nos recreamos con la visión de las flores de Boquete, las montañas de Cerro Punta, El Valle de Antón, Altos del María, Sorá, Chicá y Cerro Azul, por nombrar algunos sitios altos y de clima fresco.

También recordamos las playas –todas hermosas–, con arenas blancas o negras, con aguas más verdes o más azules; sus ríos y cascadas y sus archipiélagos que forman un conjunto turístico reconocido nacional e internacionalmente.

De la conquista y la colonia nos quedan las reminiscencias de los fuertes y sus cañones, sus conjuntos monumentales, sus iglesias y parques que recrean la historia de otros siglos.

El Canal de Panamá, obra monumental de ingeniería, es la cintura geográfica del continente que nos conecta con el resto del mundo. La moderna ciudad capital, con su arquitectura urbanística repleta de rascacielos, que son íconos del país, así como la nueva estructura vial son una atracción tanto para los ciudadanos como para los visitantes.

Dentro de esa mirada de país resalta la gastronomía local, rica y variada en platillos típicos como el sancocho, el arroz con pollo, los tamales, las tortillas y empanadas, sin olvidar el guacho de mariscos o de rabito de puerco, las truchas y las cremas con fresa de Bambito.

Todos estos elementos se conjugan para crear una idiosincrasia única que nos identifica como panameños.

Cuando estamos en casa usamos la mirada corta, la de la cotidianidad. Nos encontramos con el problema de la basura (que nunca pasa de moda), la falta de agua, el dengue, los tranques, la escasez de transporte público, de estacionamientos y de vías, el exceso de automóviles, accidentes, asesinatos, protestas, escándalos, cierres de calle, y todo aquello que constituye noticia, aunque pareciera que solo sean malas.

¿Cómo conciliar estas miradas o son irreconciliables? ¿Cómo trabajar en los problemas para resolverlos? ¿Cómo ser más autónomos, independientes y responsables con la disposición de los desechos, con los criaderos de mosquitos?

La queja constante, la crítica permanente y las agresiones físicas y verbales generan malestar individual y colectivo. Son elementos que alteran la salud mental y la paz. Se han identificado los problemas cruciales y el clamor de la ciudadanía se escucha alto y claro.

Ahora, ¿cómo avanzamos en la resolución de estos? ¿Esperamos que alguien los resuelva o nos comprometemos, como individuos y sociedad, de manera interdependiente, a buscar soluciones?

El ser humano se distingue de otras especies por su capacidad de pensar, analizar y resolver problemas de manera autónoma. Entonces, seamos proactivos, no dependientes.

Concretar tareas y avanzar en la resolución le da sentido a la vida y le añade valor a nuestro entorno. La independencia y la interdependencia son fases necesarias para avanzar hacia una sociedad más moderna, justa y equilibrada. Conjuguemos estas miradas y hagamos de Panamá un mejor lugar para vivir.

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