POLÍTICAS ECONÓMICAS

El Panamá que quiero: Pablo J. Gutiérrez F. III

Iniciando la época electoral, ya se ha despejado un poco el panorama con respecto a los candidatos y algunas de sus propuestas. Por el PRD tenemos a Juan Carlos Navarro, con su propuesta proteccionista. En el panameñismo está Juan Carlos Varela, con la de control de precio. En Cambio Democrático hay varios precandidatos, pero solo suenan Rómulo Roux y José Domingo Arias.

De Roux no he escuchado mucho en cuanto a propuestas, pero de Arias escuché que seguirá con medidas populistas que solo siembran la semilla de un Estado niñera que lleva al desastre a todo país en el que se practica. El mejor ejemplo de que esto es así es Grecia. Por eso, el día de hoy quiero dejar plasmado lo que considero son las mejores políticas públicas que puede tener un país. En este artículo tocaré las económicas y en otro las sociales, ya que un verdadero desarrollo incluye ambas.

Hago la salvedad de que en artículos anteriores he propuesto cosas que pueden percibirse como contradicciones a lo que diré aquí. Sin embargo, creo que para poder llegar al punto de mis artículos anteriores, debemos primero ver lo que propondré ahora. El camino hacia la libertad es uno muy largo. Para llegar a esta hay que dar pequeños pasos que, juntos, nos llevarán a la meta.

Las políticas económicas que planteo son aquellas que a lo largo de la historia han sido las más efectivas. Comenzaremos bajando el impuesto sobre la renta, haciendo uno flat. Actualmente hay dos tasas para personas naturales, 15% y 25%; esto lo reduciremos a 10%. Para las empresas, bajaremos la tasa de 25%, que es la que se pagará desde 2014, a 15%. Si bien disminuiremos el impuesto, eliminaremos todas las deducciones que existen actualmente para que nadie pueda “favorecerse”. El Gobierno, tal como hacen las personas, debe planear sus gastos basado en sus ingresos, por lo que recortaremos gastos innecesarios. Esto es sumamente necesario y básico, nadie debe gastar más de lo que obtiene. Estos recortes en impuestos tienen un doble propósito. El primero es disminuir el tamaño y las funciones del Gobierno y el otro es generar empleos y riqueza. Las personas y empresas ahora tendrán más dinero para gastar y ahorrar, lo que se traduce en más plazas de trabajo y mayor riqueza. Esta, el comercio libre, es la forma más efectiva y moral de redistribuir la riqueza y combatir la pobreza.

Siguiendo los pasos de muchos países, entre ellos Chile, Perú y Suiza, eliminaremos o bajaremos la gran mayoría de los aranceles de importación. Veamos un claro ejemplo en el que esta medida perjudica al consumidor. La papa importada para el consumo tiene un arancel del 81%. Es decir, por cada dólar de papa que compramos del exterior debemos pagar 81 centavos. ¿Se siguen preguntando a qué se debe el alto costo de varios alimentos? Eliminaremos los aranceles para proteger a gran parte de la población, es decir, a los consumidores y no a los políticos y empresarios que se benefician de estas medidas. Esto lo haremos paulatinamente para darle tiempo a las personas que desean salirse de la producción de alimentos a encontrar una nueva industria o crear su empresa de importación.

Otro tema que compete a la economía es el de las jubilaciones. Muchos países han instaurado un sistema en el que cada quien se jubila según lo que ha aportado a su cuenta de retiro personal. Estos brindan retornos mucho más altos que los que puede dar la Caja de Seguro Social (CSS). Los países que lo aplican tienen un rotundo éxito, porque cambiaron sus sistemas en quiebra por otros que le dan a cada uno lo que realmente merece.

Cada ciudadano tendrá su propia cuenta de jubilación en la empresa que desee. Si quiere mantenerla en la CSS, lo podrá hacer. Sin embargo, será bajo un régimen de cuenta individual. Actualmente la CSS se maneja con un plan “solidario”, que no es más que una pirámide que tarde o temprano colapsará, y un sistema de pensiones individuales, en el que participan todas las personas que tengan ingresos por encima de $500. Este es el único que puede funcionar a la larga y que no está sujeto a promesas de líderes populistas que dan a uno a expensas de otros sin importarle el largo plazo.

A grandes rasgos, esta sería la base para mi programa de gobierno en cuanto a economía. Un programa que devolvería el poder a los individuos y les daría oportunidad de desarrollarse hasta donde les dé su propia capacidad. Yo, verdaderamente, estoy con Panamá, o mejor dicho, con los individuos que hacen Panamá.

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