PARTE FINAL

Panameñización del Canal: Franklin Castrellón

La crisis de finales de la década de 1980 y los años posteriores a la invasión de Estados Unidos a Panamá marcaron una inflexión en el esfuerzo por panameñizar el Canal. Ese período fue aprovechado por los zonians, que desafiaban ese compromiso del tratado de 1977 para aprobarse un paquete adicional de privilegios y atrincherarse en sus feudos. Un grupo de cinco gerentes panameños, que escribió una carta oponiéndose a los injustificados privilegios, fue enjuiciado, literalmente, y los ejecutivos zonians los bautizaron, peyorativamente, “the A team” (equipo de assholes o idiotas) debido a que, por coincidencia, todos los firmantes tenían la inicial A en su segundo nombre.

Bajo los términos del tratado, a partir del 1 de enero de 1990 el cargo de administrador de la Comisión del Canal lo ocuparía un panameño y el de subadministrador, un estadounidense, fijando el norte hacia la panameñización de su fuerza laboral. Pero, a juicio del eventual presidente de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP), Ricaurte Catín Vásquez, la invasión transmitió la errónea idea de que los tratados podrían ser renegociados.

Inmediatamente después de la invasión, McAuliffe regresó a EU y el cargo de administrador lo ocupó Fernando Manfredo hasta que el gobierno de Guillermo Endara propuso, en septiembre de 1990, a Gilberto Guardia Fábrega como administrador, de conformidad con el tratado; el cargo de subadministrador lo pasó a ocupar Raymond Laverty, un zonian ultra conservador. Antes de que terminara la primera fase de la transición, Jorge Quijano y Rodolfo Sabonge, hoy altos ejecutivos de la ACP, alertaron a miembros panameños de la junta directiva sobre el deterioro de instalaciones y equipos vitales y de la necesidad de impulsar una auditoría de la infraestructura canalera.

Este interés impulsó al directivo Emanuel González Revilla a comunicarse con Alberto Alemán Zubieta, para interesarlo en presidir un panel de ingenieros panameños que realizaran la auditoría. Alemán Zubieta aceptó e integró a los ingenieros Roberto Roy, Moisés Castillo, Alberto Palacios y Ernesto Ng. Los resultados coincidieron con los de un estudio del Cuerpo de Ingenieros de Estados Unidos, y serían la base para el programa de modernización y mejoras del Canal, que se ejecutó después a un costo de más de $1,000 millones.

Su experiencia en el panel de ingenieros fue la mejor escuela para los cambios que impulsó Alemán Zubieta, una vez fue designado administrador de la Comisión del Canal, en agosto de 1996. En su testimonio para la obra Historias canaleras, de la Dra. Ana Elena Porras, el hoy administrador de la ACP relata cómo esa experiencia le permitió identificar a los zonians que obstaculizaban no solo la panameñización del Canal, sino su modernización, de suerte que el Canal fuese entregado a Panamá en óptimas condiciones de funcionamiento, conforme lo estipulaba el tratado.

El entonces director de finanzas, Norbert Kraegel, había instruido a sus ejecutivos zonians para que no cooperaran con el equipo panameño en dar información sobre el anacrónico equipo de informática que servía al Canal. Y una vez nombrado Alemán Zubieta, Kraegel y su equipo renunciaron, lo que fue la gran oportunidad para nombrar a Catín Vásquez como el primer panameño en ocupar el tercer cargo en importancia del Canal.

Una vez adentro, Vásquez nombró a panameños calificados en los cargos dejados por los zonians y, junto a Alemán Zubieta, impulsó el cambio de cultura de una agencia no lucrativa a una corporación estatal rentable. En esta vena, la administración panameña propuso un alza de peajes para financiar el costo del plan de modernización; pero esta iniciativa fue adversada por Richard Wainio, entonces director de planificación ejecutiva. Wainio había influido al presidente de la junta directiva, Joe Reeder, para que se opusiera al aumento de peajes, pero Alemán Zubieta terminó por convencerlo. Por otra parte, el manejo de las finanzas por Vásquez fue clave para que Panamá recibiese el saldo de caja de $160 millones al cierre de operaciones del Canal bajo administración estadounidense.

Otro cambio clave fue el del director de Marina. El titular, George Hull, se había negado a recibir a Alemán Zubieta como líder del panel de ingenieros y tras insistencia de este, accedió a recibir a Roberto Roy. Pero cuando Roy llegó a la cita para un briefing sobre la infraestructura de tránsito, Hull lo dejó plantado. Solo cuando Alemán Zubieta fue designado administrador, Hull accedió a recibirlo y proporcionarle la información que requería. Meses después, llamaría a Hull para preguntarle cuándo pensaba jubilarse. Hull respondió, “el próximo año”, a lo que Alemán Zubieta ripostó: “Demasiado tarde, pues quiero a alguien que pueda manejar proyectos de largo plazo en esta posición”.

Entonces Hull le informó que se jubilaría unos meses después. En su reemplazo fue designado René Van Hoorde.

Justo es decir que en la exitosa transición fue clave el apoyo que dio Reeder al impulsar las reformas a la Ley 96-70 de implementación del Tratado del Canal, para permitir la interacción entre la Comisión del Canal y la ACP y la eventual transferencia de responsabilidades. También es justo reconocer la cooperación de muchos americanos en la capacitación de panameños y en la transferencia de una cultura de trabajo que ha sido fundamental en el éxito del Canal en manos panameñas.

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