DESECHOS

Parece que no queremos a Panamá: Ricardo Azcárraga Limnio

Los desechos siguen enterrando a nuestro bello istmo; es un problema que no se detiene. Todos, el 100% de los seres humanos, creamos desechos a diario. Aunque usted descarte los suyos, correctamente, en su debido “tambucho”, los genera. Y ese no es el final del camino de las cosas que bota porque la bolsa de basura que sale de su casa no necesariamente permanecerá cerrada hasta llegar al vertedero. Además, aunque la pierda de vista, seguirá siendo su basura, su huella ecológica individual.

Si el Gobierno continúa recogiendo la basura, la gente la seguirá tirando. Claro que la tienen que recoger, pero hacerlo en orden y con un horario. Además, deberían dividir esa labor, por ejemplo, un día recoger los desechos de tipo orgánico, otro día los aluminios y así, sucesivamente. Sin embargo, hacerlo para quedar bien con la comunidad, como hizo el alcalde Gerald Cumberbatch con esos pataconcitos de San Miguelito, tampoco es la salida. La prueba fue que se generaron más desechos durante la limpieza y, al día siguiente, reaparecieron los pataconcitos.

Un buen plan sería organizar una gran feria mensual e invitar a la comunidad a que participe activamente, y entregarle a cada persona una camiseta, una gorra y herramientas para limpiar su propio entorno. Acordar, por ejemplo, que por cinco bolsas llenas con desechos, recibirán merienda o un refrigerio. Esto debe ser apoyado con carros que se lleven los desechos hacia el vertedero. También se les podría dar un pagaré para que compren comida más barata o cupones.

Otra idea podría ser que los residentes paguen con trabajo comunitario las multas de tránsito, los pagos tarde al Idaan o cualquier falta o multa que no puedan cancelar. Esta idea podría aplicarse también a los presos en cárceles repletas, y ofrecerles libertad, pero que trabajen para la comunidad un número de horas acorde a su deuda con la sociedad. Da pena verlos sin hacer nada, encerrados, cuando el reciclaje requiere de muchísima mano de obra. Las cárceles deberían ser puntos de distribución de desechos reciclables, para que quien esté preso, así sea el viejo Noriega, o el mismo diablo Martinelli, trabaje por el país. Como lo hace Berlusconi en Italia. Así ahorramos en salario de la planilla gubernamental.

Como los seres humanos no vemos nuestra huella ecológica ni el trabajo que conlleva la limpieza de la ciudad, tampoco valoramos los esfuerzos que realiza la Autoridad de Aseo Urbano y Domiciliario, el alcalde Cumberbatch ni las hacendosas “hormiguitas”. La responsabilidad de la limpieza la tenemos todos los que decimos querer a Panamá. Si no limpias tu país en el 2016, no digas ¡que viva Panamá!

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