ATAQUE A LA LIBERTAD

‘París martirizada, pero París liberada’: Alfredo Pascal

Estas palabras, fragmento del discurso dado por el general Charles de Gaulle, el 25 de agosto de 1944 resuenan con más fuerza hoy, luego de los horrendos atentados ocurridos el viernes pasado en la Ciudad Luz.

Las calles de París nunca han estado tan tristes y desoladas desde que en junio de 1940, vieran los parisinos marchar por sus calles a los ocupadores alemanes que, por cuatro años, martirizarían a la ciudad, y a la Nación entera. Igualmente, la París de 1871, luego del asedio prusiano, supo levantarse, y le regaló al mundo su belle epóque. Inclusive Panamá fue beneficiaria de este ciclo, cuando Ferdinand de Lesseps y la élite de la academia francesa intentaron construir el canal.

Francia es una idea que abarca la historia, una idea nacida de la voluntad, y su grandeza proviene, precisamente, porque nada puede ser completado políticamente, y perdurar en el tiempo, sin la presencia de hombres y mujeres cuya brillantez, carácter y determinación inspiren, alienten y canalicen las energías de la gente. El pueblo francés es clave para entender cómo Francia, en sus horas más oscuras, ha podido resurgir para ser un faro de cultura y civilización para el mundo.

El pasado viernes, esta idea histórica fue atacada en su corazón y alma; su cultura, sistema judicial, un Estado, las definiciones fundamentales de una nación. Bajo estos conceptos surge la idea de Francia, que por muchos siglos supo establecerse como una realidad indisputable. Un café parisino o una sala de conciertos, son un símbolo, dado que representan la sumatoria de elementos cruciales de nuestra sociedad, como son la libertad de pensamiento, la igualdad de géneros, y la fraternidad entre personas de distintos contextos culturales.

Además, el que los atentados hayan ocurrido cerca al estadio donde jugaban las selecciones francesa y alemana de fútbol, conlleva un simbolismo muy importante, dado que la fraternidad franco-alemana fue lo que acabó con una rivalidad histórica de más de mil años, y sentó las bases para la integración y la paz europea.

Francia y Alemania, que no hace más de 100 años sacrificaron a una generación entera en los horrores de Verdún, hoy son el motor de la Unión Europea, y el símbolo de que la paz es posible entre enemigos. Seguir la idea de que no es posible la paz con quien te ofende, y caer en el radicalismo, incluyendo en la respuesta del agraviado, es seguir la fórmula letal que proponen los terroristas.

Los muertos y heridos del 13 de noviembre de 2015 en París, nos duelen a todos, porque París ha irradiado al mundo con su cultura, con su arquitectura, con su saber vivir. Sus calles, sus edificios, sus monumentos y su historia forman parte intrínseca del imaginario occidental.

No solo París y sus habitantes fueron atacados, sino también las ideas de libertad, igualdad y fraternidad que surgieron de sus calles en los años de la revolución. Por eso nos duele tanto la París martirizada.

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