LUCHA POR EL PODER

Partidos partidos...: Daniel R. Pichel

Estoy cansado de escuchar que los partidos políticos son la esencia de la democracia y que sin ellos el sistema no funciona. Si bien no dudo que en algún momento así lo fueran, actualmente se han convertido en una de las más grandes desilusiones colectivas en muchos países donde se supone se gobierna desde el pueblo, para el pueblo y por el pueblo. Esto no lo digo por nuestro Panamá (que está para dar lecciones de politiquería partidista), sino que es una sensación que se percibe en muchos países.

Me atrevo casi a asegurar que, hoy en día, los partidos políticos no tienen como objetivo principal mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos ni buscar igualdades y “justicia” en las decisiones gubernamentales ni impulsar agendas ideológicas como en algún momento pudo ser el caso. Hoy, a los partidos políticos les interesa alcanzar y retener el poder o, en su defecto, impedir que quien gobierna pueda ejercer una gestión efectiva en algún aspecto pues, si lo lograse, se complicará su camino hacia ese mismo poder que tanto añoran.

Por supuesto, este argumento de llegar a gobernar, ostentar el poder y expandir su círculo de influencia, no se ve elegante como discurso de campaña, aunque sea la razón de fondo del esfuerzo. Para eso, se han desarrollado argumentos muy correctos y que se escuchan muy elegantes en boca de candidatos, gobiernos y opositores. Los voceros de cada partido político articulan discursos motivadores alrededor de ideas que, aunque suenen muy bien, seguramente no podrán ser implementadas al llegar a gobernar, pues ese mismo sistema político de partidos y de esa otra cosa que llaman “grupos de influencia” impedirá a toda costa que se logren los objetivos y propuestas que se prometieron en campaña.

Un ejemplo es Panamá. Se ha montado una discusión teórica y con profundos análisis políticos sobre el beneficio o no de que se implemente una segunda vuelta electoral. Al margen de lo que cada quien pueda pensar (aclaro que a mí, eso de que un presidente pueda ganar una elección con dos terceras partes de los electores en contra me parece lo más antidemocrático del mundo), las razones verdaderas que se perciben, detrás de cada una de sesudas opiniones, es la oportunidad o no que ven en el horizonte para alcanzar el codiciado poder ejecutivo. Así, CD piensa que, con la segunda vuelta, y con la avalancha de inscritos que está consiguiendo (como si eso significara fidelidad), se garantizarían una segunda ronda, contra un PRD que, históricamente, depende mucho de un voto “fuerte” del 37% a lo sumo. Los Panameñistas, se oponen porque sienten que, en estos momentos, no parecen ser ellos los que tienen más oportunidad de pasar a esa segunda ronda. Mientras, el otrora monolítico partido de los militares, no se siente cómodo en un balotaje contra grupos que, en una coyuntura final, seguramente se unirán contra ellos (la experiencia de la alianza PRD-PDC, convierte al PRD en un mal socio con miras a la subsistencia política). Finalmente, los partiditos periféricos, aunque pudieran negociar espacios políticos con miras a la segunda vuelta (lo de “cuotas de poder” es una utopía), casi seguramente pierden toda oportunidad de alcanzar la codiciada “cabeza” en las alianzas, convirtiéndose en convidados de piedra en el gran banquete del reparto de poderes.

Pero no es solo en Panamá donde pasan estas cosas. En Estados Unidos (por poner un ejemplo conocido), la mayoría de las promesas de Obama ha sido imposible de implementar, pues demócratas y republicanos piensan más en los votos que ganarán o perderán con cada medida, que en el beneficio que pueda representarle a la población.

Y, ¿cuál es la consecuencia de esta irresponsable conducta de los partidos políticos?, que todo aquel que articula un discurso sobre un supuesto “cambio”, recibe apoyo electoral de una población harta de la politiquería de siempre. Así, Obama, Chávez, Correa e incluso Martinelli, ganaron elecciones prometiendo cambiar la política tradicional que ya tiene cansada a votantes que dan lo que sea por sacudirse de un sistema que los parasita y que los considera una masa ignorante que hay que enamorar para alcanzar el poder y que será secundaria después.

Esta actitud, es la que alimenta movimientos populares como el 15M español con un discurso basado en la queja contra el sistema, sin que se apoye realmente a ningún grupo político. Y entiendan que estas “luchas antisistema” siempre produjeron las grandes revoluciones de la historia tanto en lo político como en lo intelectual. Veremos... pero si la actitud de los partidos políticos no cambia radicalmente, el futuro se pinta peligroso.

@drpichel

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