EDUCACIÓN

Pensamiento pedagógico de Rousseau: Paulino Romero C.

Juan Jacobo Rousseau ocupa un lugar propio en la cultura, y es considerado como el mejor pensador francés del siglo XVIII. Nació en Ginebra en 1712. De temperamento inquieto y carácter suspicaz y difícil, llevó una vida agitada y errabunda.

Al tener noticia en París (en 1750) de que la Academia de Dijon había anunciado un concurso sobre el tema: “Si el renacimiento de las ciencias y de las artes había contribuido a la corrupción o a la purificación de las costumbres”, tomó parte en él y ganó el premio. A esto le siguió su Discurso sobre el origen y el fundamento de la desigualdad entre los hombres. Al retirarse a la tranquila residencia de Montmorency, escribió, entre otras, sus dos obras maestras: El Contrato social y el Emilio, que le ocasionaron fuertes persecuciones por parte de las autoridades políticas y religiosas.

El Contrato social (su pensamiento político), pretende ser el modelo de la reconstrucción ideal de la sociedad. La solución, según Rousseau, es posible en una forma de asociación que defienda y proteja, con toda la fuerza común, a la persona y al bien de cada asociado, de modo que cada uno, uniéndose a todos, no obedezca más que a sí mismo permaneciendo libre. Con El Contrato social, buscaba dar una nueva conciencia del derecho y alimentar los ideales democráticos.

Los mismos principios que constituyen la estructura del pensamiento político sirven de fundamento a su doctrina pedagógica, desarrollada en el Emilio, la obra maestra de la pedagogía moderna. “Emilio” es el nombre del protagonista de la novela pedagógica de Rousseau, al que este finge educar en las distintas fases de su desarrollo según sus principios, lejos de la sociedad, en el campo.

El problema del Emilio es el mismo que aborda en su otro libro: ¿cómo debe conquistar el individuo su libertad e integridad de persona en la vida social? Sin embargo, en la obra pedagógica el problema es tratado solo en relación al proceso de formación de la personalidad, del que deberá nacer la “voluntad general” que se actúa en el Estado. El principio fundamental de la filosofía de Rousseau es que cada edad tiene su perfección, su madurez: “La naturaleza quiere que los niños, sean niños antes de ser hombres. Invertir este orden es producir frutos precoces que no tendrán ni madurez ni sabor y que no tardarán en corromperse; es obtener jóvenes sabihondos y viejos infantiles. La infancia tiene ciertos modos de ver, pensar y sentir especiales; nada es más necio que pretender substituirlos por los nuestros”. No hace falta ganar tiempo, sino perderlo; “es preciso dejar que la infancia madure en la infancia”.

Nacemos ignorantes, pero capaces de aprender y debemos disponernos a aprenderlo todo con el ejercicio de nuestras facultades. Si un hombre naciera ya hecho, ni sabría nada ni conocería a nadie. “Los colores nada dirán a sus ojos, los nombres no resonarían en sus oídos y los cuerpos que tocara no llamarían a las puertas del suyo y ni siquiera sabría que tenía uno”. Todo debemos conquistarlo nosotros. También, aprender a sentir, ya que el funcionamiento de nuestros órganos sensoriales depende del uso que hacemos de ellos.

La educación comienza desde el nacimiento: “La experiencia anticipa las lecciones”. Por esto el niño, apenas nace, debe ser dejado en plena libertad de movimientos, en la inquietud de los primeros años, en la manía de tocarlo todo, en las pruebas con que la naturaleza le enseña a través del tiempo a conocer el dolor y le habitúa a soportarlo. Con nuestra intervención, aprisionaríamos estas actividades, impediríamos este aprendizaje indispensable y le daríamos al niño caprichos y malos hábitos, de los que solo nosotros seríamos responsables.

No puede escapar al lector, empero, los elementos “utópicos” y “abstractos” de la pedagogía rousseauniana. Emilio es educado solo, sin compañeros, sin familia. Aparentemente libre, es manejado por el educador-director que le crea continuos artificios para formarle un ambiente artificial. Pero Rousseau no termina aquí; es el teórico de la educación espontánea y libre, que reivindica la fuerza educativa y formativa del sentimiento; es el pensador que plantea el problema de la reconquista, por parte del hombre, de su verdadera autenticidad, de su naturaleza pura, genuina, primordial.

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