TIEMPO DE CAMBIOS

Pensar en nosotros mismos: Lurys Marín de Barrera

Se reanudó la época lluviosa y, desafortunadamente, después de 10 minutos de lluvia las calles se inundan. Experimentamos temporadas secas que son cada vez más largas pero, independientemente de la época, el calor es insoportable. De esto podemos deducir que la Tierra nos está pasando factura. Resueltos a seguir viviendo en el único planeta del que hasta ahora disponemos, debemos entender que cada una de nuestras acciones se traduce en efectos sobre su medioambiente.

Si no adoptamos buenas prácticas desde ahora, se estima que para el año 2050 necesitaremos contar con una extensión equivalente a cuatro planetas Tierra para poder producir–disponer de todo lo que necesitamos–generamos, y surge la pregunta: ¿De dónde vamos a sacar los otros tres planetas? Para adaptarnos a este mundo cambiante, hay que considerar con seriedad el modificar nuestros hábitos de consumo. Partiendo de esto, podremos resolver muchas situaciones.

Primero, pensemos si compramos las cosas porque las queremos o porque las necesitamos. Invadidos de publicidad en un medio altamente consumista, muchas veces nos dejamos guiar por los impulsos (o por los letreros de “oferta” que tanto nos llaman la atención).

Segundo, preguntemos si estamos haciendo la mejor inversión posible, y es que, para el ambiente y nuestro bolsillo, lo barato sale caro. Muchos productos económicos son altamente tóxicos, tanto por su contenido como por su escasa duración, lo que nos impulsa a comprar varias veces el mismo artículo, o también porque poseen envolturas muy complejas.

Tercero, es muy importante que tengamos en cuenta el ciclo de vida de los productos que adquirimos, saber de dónde proceden y a dónde van a parar los residuos derivados de estos. Por ejemplo, preferimos consumir alimentos que no se producen en nuestro país y, seguramente, esperamos adquirir en cualquier época del año. Esto implica que no solo hay sobreexplotación de suelos, sino que consumiremos alimentos con múltiples trazas de agroquímicos.

En esta onda de ser un poco más conscientes, antes de tirar algo al basurero deberíamos reconsiderar si tiene algún valor adicional; por ejemplo, recordar que el papel puede usarse por ambas caras, que el cartón de huevos puede servir como semillero e iniciar en casa un “huerto de balcón” con algunas especias, culantro o tomates cherry.

Se vale, también, separar de la manera adecuada nuestros residuos en casa, centros educativos u oficinas y llevarlos a puntos limpios o a centros de reciclaje. Con ello salvamos recursos naturales, agua y energía, y aportamos a la conservación de nuestro planeta. Esto solo por mencionar ejemplos básicos con los residuos inorgánicos.

Los residuos orgánicos pueden servir para hacer mejoradores de suelo y plantas en casa. Basta con dar condiciones básicas de aireación y humedad a esos restos de cocina que no sean cárnicos y que no estén fritos y en poco tiempo obtendremos un buen abono.

En conclusión, hay muchas formas sencillas de ayudar a nuestro planeta. Podemos empezar por desconectar de la corriente el cargador del celular mientras no lo estemos usando, así ahorraremos energía y algo de dinero.

Tal vez no es fácil pensarlo. pero desde cualquier ámbito se puede empezar a cuidar nuestro planeta, ¡nuestro hogar!

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