PERIODO ELECTORAL

Perder nuestra democracia... y el futuro: I. Roberto Eisenmann, Jr.

Aún a estas alturas muchos hermanos y hermanas en la nacionalidad observan pasivamente la situación electoral que se avecina como “una elección más”, confiados en la lograda democracia electoral. Después de todo, posdictadura hemos tenido cuatro presidencias producto de elecciones en las que ganó la oposición del momento... sin que el perdedor hablara de trampa o fraude. Han sido elecciones cristalinas organizadas por un Tribunal Electoral independiente y eficaz. Han sido 20 años de progreso democrático electoral.

Recuerdo como si fuera ayer una conversación muy seria que tuvimos Guillermo Sánchez B. y yo con el presidente Guillermo Endara. Se acercaban las elecciones y se escuchaba a muchos arnulfistas de la vieja guardia decir: “¿permitir otro gobierno PRD?... ¡ni de a vaina!”. Guillermo y yo argumentábamos a Endara que después de una dictadura de 21 años era vital que presidiera unas elecciones limpias, a pesar de que se pintaba posible una victoria PRD. Nos contestó de inmediato que no nos preocupáramos, que él nos aseguraba que las elecciones serían cristalinas y que entregaría la banda presidencial al legítimo ganador, fuese quien fuere... ¡y cumplió! Endara estableció el precedente que nos produjo a los panameños una democracia electoral prístina por 20 años.

Hoy, con un gobierno constructor de obras de concreto pero destructor de instituciones, la democracia está parcialmente destruida y la democracia electoral ganada corre serio peligro de desaparecer.

Hoy, la separación de poderes es inexistente. La Asamblea Nacional es literalmente una extensión del Ejecutivo, gracias a la vulgar compra de diputados por la vía de dinero y/o intimidación. Recuperar la independencia de este órgano del Estado tan desprestigiado tomará muchos años. La reducida bancada del opositor PRD está casi toda jugando jueguitos con el Ejecutivo. Solo la bancada que le queda al panameñismo es opositora con solidez. El presidente reelecto de la Asamblea es una vergüenza nacional.

La Corte Suprema de Justicia está presidida por quien constituye un brazo ejecutor de las vagabunderías del Ejecutivo. El presidente de la Corte tiene casi mil expedientes secuestrados en las gavetas de su escritorio y actúa con ellas solo por llamadas rabiosas de su jefe, el Presidente. El desprestigio de la justicia, incluso en el plano internacional, tomará décadas para corregir. Incluso, hoy el Presidente de la República procura –con base en triquiñuelas– tumbar a un magistrado que no responde a él, para lograr una mayoría calificada en preparación a una de sus opciones destructoras del sistema electoral.

Así las cosas, la democracia –ganada con sangre– realmente está parcialmente destruida. Hemos retrocedido 25 años. Solo queda –y en peligro– la democracia electoral.

Entre las opciones que maneja el Presidente está tumbar a un magistrado del Tribunal Electoral para controlar dos de los tres magistrados, haciendo posible robarse la elección (hay que recordar que su asesor brasileño orientó a Chávez).

La otra opción es crear una crisis (fácil para el Presidente) y para resolverla convocar una constituyente (que vía compra sería de él) y que esta posponga las elecciones y su periodo presidencial.

Finalmente, el Presidente pretende blindarse él y toda su familia (él en “la cueva de ladrones” Parlacen, sus dos hijos como diputados suplentes, y su señora como vicepresidente) y lograr que su candidato “gane” las elecciones de cualquier manera, con o sin votos, mientras él, con sus “reuniones casuales”, va tocando y desprestigiando a opositores.

En conclusión, este no será un periodo electoral corriente que sigue el precedente que nos dejó el recordado presidente Endara. Martinelli está feudalizando el sistema político. Si él gana es porque la ciudadanía perdió por forfeit, y el futuro ya no será lo que antes era. Los próximos siete meses serán más bien una guerra por la conservación de lo último que nos queda de la democracia.

Si dejamos que el Presidente nos destruya lo último que nos queda, la democracia electoral, ¡habremos perdido nuestro futuro!

Los partidos de oposición tienen que accionar dos planes paralelos: uno electoral y otro para cuando el Presidente patee la última pata de la mesa institucional (ya sea que tumbe al magistrado de la Corte o al Magistrado del Tribunal Electoral, que convoque una constituyente o que nos enteremos del fraude en preparación). Así, tienen que prepararse para que, aun siendo adversarios, pasen a ser aliados en la calle, y/o aliados para la elección. Todos debemos entender que nos estamos jugando no una elección más, sino ¡el futuro democrático de nuestra nación! Queremos un verdadero líder opositor, no líderes castrados por asesores internacionales que creen que esta es solo una elección más. El contexto es todo, y así lo entendemos los de la sociedad no partidista que se prepara para lo peor. ¡Fuera el poder autoritario corrupto!

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