LIBERTAD DE EXPRESIÓN

Persecución en el ciberespacio: Berna Calvit

Algunas actuaciones y declaraciones de nuestro Presidente, en las que se dejó llevar por el entusiasmo, la música o por la exuberancia de su personalidad causaron cotilleos de corta vida. Pero su mensaje en la inauguración de la cumbre Conectar las Américas 2012, sobre el uso de la internet no debe ser tomado a la ligera. La convocatoria de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), organismo de las Naciones Unidas para las tecnologías de la información y la comunicación se centró principalmente en el uso de la (o el) internet, “red informática mundial, descentralizada, formada por la conexión directa entre computadoras mediante un protocolo especial de comunicación”. La presidenta de Costa Rica, Laura Chinchilla, se refirió a un mayor control en la red “centrado en evitar el acceso de los niños a la pornografía”. Chinchilla y Martinelli coincidieron en este aspecto, pero nuestro Presidente fue más allá; se metió en las movedizas arenas de la censura al plantear el control del Internet Protocol (IP) que identifica a los usuarios, algo así como la cédula de identidad personal en la internet.

El Presidente, tras el revuelo nacional e internacional que causó su mensaje, adujo que sus palabras fueron sacadas de contexto. Si accede al video YouTube Martinelli UIT, puede constatar si los medios se apartaron de la verdad al publicar estas palabras del Presidente: “Tiene que haber una identidad en los IP que permita saber desde dónde y quién es el autor de lo publicado en internet para buscar posibles responsabilidades. Tiene que haber alguna responsabilidad porque de forma anónima se está denigrando y usurpando muchas veces identidades y se está acabando con la reputación de países, personas y familias”. Atendiendo solicitud pública del Presidente leí el comunicado oficial de UIT, que no incluye lo que él dijo en voz alta. ¿Estaba el secretario general de la UIT, Hamadoun Touré, fuera del recinto, o chateando o distraído y no lo oyó; o, como buen diplomático evitó dejar mal al anfitrión?

Creo que el hombre empezó a usar el anónimo cuando aprendió a escribir y se dio cuenta de que podía echar “vainazos” sin arriesgarse; o enviar cartas de amor al ser amado guardando su identidad. Los especialistas pueden, a veces, identificar al dueño de la cédula cibernética, pero lograrlo depende de la capacidad del “delincuente” perseguido para esfumarse en el ciberespacio o de navegar de forma anónima en la red. La complejidad de la internet, pese a todo lo que leí y consulté con especialistas, no me permite explicaciones técnicas; pero me quedó claro el peligro que significa el control del IP para la libertad de expresión y de información. Sobre el IP, un juez inglés de la Corte Superior de Justicia opina que “identificarlo no supone obligatoriamente que sea un usuario concreto el que ha cometido la infracción”; esto deja un margen de inseguridad que podría perjudicar a un inocente. La crítica soez anónima “en línea” denigra más al que la escribe que a quien critica; y es un estúpido desperdicio de espacio para la expresión libre. Pero aun ante este abuso, es “meter la pata” dedicar recursos a la persecución de la opinión adversa con el fin de reprimir y castigar, algo inaceptable en sistemas “democráticos”. Las autoridades saben que es posible enviar correos y chats sin que detecte su origen; que los celulares, a menos que estén registrados legalmente no se pueden rastrear; que los celulares con cámara, sin hacerse notar, fotografían sucesos que en segundos pueden enviarse a cualquier punto del mundo. Ni creando un Ministerio Ciber-Policiaco, como copia del nefasto G-2 de amarga recordación, podrían controlar el flujo de información en la internet. Sería necedad, como “intentar poner puertas en el campo”. ¿Qué más interesaría a los espías? ¿Si leemos La Bitácora de Asvat, los escritos de Marco Gandásegui, hijo, al Malcontento Paco Gómez, o las jocosas letanías de Miguel Antonio Bernal? ¿O algún libro erótico, el diario Granma de Cuba, o Kaos en la Red? Rastrear al dueño de un I.P. con fines como los que citó el presidente Martinelli es irrespetar derechos consagrados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

¿Queremos estar al lado de China, Irán, Myanmar, Corea del Sur, que censuran la internet? ¿Que nos apliquen, como en China, que: “...cualquier persona cuyos post sigan irritando a los censores nuevamente, podrían tener cerradas sus cuentas de forma permanente; el código de conducta que prohíbe la difusión de secretos de Estado, información falsa, y todo lo que perjudica a la unidad nacional entró en vigor ...?”. La “ciberdisidencia” es realidad con la que deben convivir los gobiernos. En vez de corretear los IP deberían dedicar sus recursos al combate de la pornografía infantil y el acceso de niños a sitios pornográficos. Cito a Noam Chomsky, lingüista y filósofo estadounidense: “... Si crees en la libertad de expresión, entonces crees en la libertad de expresión para puntos de vista que te disgustan. Por ejemplo, Goebbels estaba a favor de la libertad de expresión para los puntos de vista que compartía; igualmente Stalin. Si estás a favor de la libertad de expresión, eso significa que estás a favor de la libertad de expresión precisamente para los puntos de vista que no compartes; de otra forma, no estarías a favor de la libertad de expresión”.

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