VOZ DE ALIENTO

Pigmeos en Darién: Vicente Sidera Plana

En Darién y sus comarcas, honestamente, los hay. Incluso, dolorosa y esperanzadamente. Los pigmeos de Darién son personas sin rostro llamativo, casi sin nombre. Casi sin autoestima. Casi se la han quitado.

Poco estimados y apreciados por los “gigantes” de la franja canalera. Muy poseídos de poder, seguros de sí mismos, los únicos productivos en la nación. Los adelantados, los que miran por el retrovisor a los que pretenden seguirles desde una provincia etiquetada como “provincia cangrejo”, atrasada, enigmática, sin peso y aún peligrosa. Con destino tambaleante.

Los pigmeos de Darién saben de sudores, de hambre, de lejanía, de distanciamiento y de olvidos. De promesas y de verborrea. Siempre en espera de algún oportuno “godó” que los alivie en sus muy concretas necesidades y carencias.

Los pigmeos de Darién sienten lo que es estar en una lista de eterna espera a la puerta de los programas de gobiernos, remolones en la aplicación de alguno de esos planes en una región sin fondo. Ensimismados en desarrollar primordialmente a la gran cabezona de la nación con macroproyectos y preferencias.

A los pigmeos de Darién se les ve poco en las pantallas de plasma. No son noticia para muchos de sus patriotas gigantes, enfrascados en agendas de más altura y distracción. Sudan pavor y espanto cuando se les invita a visitar esa tierra.

Máxime cuando se les recuerda aquella terrorífica estrofa que se memorizaba como una tétrica realidad: “Si vas a Darién, encomiéndate a Santa María: en tus manos está la entrada; en las de Dios la salida”.

Ni tanto. Porque algo nuevo está naciendo hacia un mañana sin fin, dejando atrás los términos de fatalidad, conformismo y decepción. Por muchos siglos, Darién tuvo siempre distante el futuro. Pero, instituciones como la emisora Voz Sin Fronteras y otras se lo vienen haciendo presente y cada vez más cercano.

De Darién puede esperarse algo insólito y sorprendente. De seguro que positivo. De momento, los pigmeos de Darién no piden: cintas costeras, autopistas y corredores ni metrobuses ni subterráneos ni mansiones como las de Punta Barco o Paitilla ni proyectos millonarios para saneamiento de bahías ni ampliaciones de ríos y canales ni tener en su provincia un Dubái de fantasía.

Los pigmeos de Darién solo piden carreteras de penetración abundantes, sólidas y sencillas. Duraderas; viviendas amplias, exactamente higiénicas y cómodas que reemplacen sus ranchos de pavimentos húmedos y con techo de paja, cobijo de ratones y de culebras; un sistema eléctrico y alumbrado confiable y económico; combustible para sus piraguas, motores y vehículos al mismo precio del que disfrutan los “gigantes” y habitantes de la capital. Sin recargos empobrecedores.

Los pigmeos de Darién, cuando enferman, no piden clínicas particulares. Se contentarían con centros de salud amables, surtidos, confiables. Los pigmeos de Darién piden para formarse y prepararse escuelas, colegios y aun universidades que simplemente les instalen en el porvenir.

Los pigmeos de Darién piden que nunca se les diga nunca.

Es verdad que, por su modo de vivir, comer, beber, vestirse, calzarse y transportarse pertenecen todavía al mundo de los pobres. Es cierto que, en Panamá, va siendo cada vez más diferenciada la alzada entre “gigantes” y “pigmeos”; entre ricos que cada vez lo son más y entre los marginados que cada vez lo sufren más. En ocasiones, pareciera que las leyes y decretos no son para los gigantes, sino para los enanos.

Los pigmeos de Darién nunca han tenido un corazón exiguo y raquítico. Lo podrán tener, si acaso, los gigantes poderosos, “egoistones” y aprovechados de allá. Los pigmeos de Darién, habitantes con futuro convencido, van creciendo y desarrollándose, como aquél de Nazaret, en estima, esfuerzo, superación y madurez.

Conscientes de que disponen de una tierra rica en múltiples “oros”: el metálico, el oro verde, el oro negro, el marino, el zoológico y, el mejor de todos, el de su gente, pluriétnica, pluricultural, don de Dios, regalo de Dios. Solo se podría protestar contra la injusticia de la providencia, porque los ha favorecido tanto...

El futuro es y viene del ayer.

Si los pigmeos de Darién se lo proponen levantarán su provincia y comarcas, igual que las hormigas que, si se lo propusieran, levantarían un elefante. ¡Pigmeos unidos jamás serán vencidos!

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