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Pobre gente pobre: J. Enrique Cáceres-Arrieta

Las veces que voy a comprar víveres al supermercado y veo los altos precios, una pena e interrogante saltan al corazón: ¿cómo hace el pobre para cubrir sus necesidades existenciales y las de su familia? Mientras nuestra economía crece, innumerables panameños no ganan ni un dólar diario. Michael Sajangbati, consultor sobre riqueza e inversión indonesio, sostiene que el mayor número de ricos en su nación es debido al fuerte crecimiento económico del país. ¿Es ese el caso nuestro? ¡No! Aquí pocos se están beneficiando con el crecimiento económico. ¿Somos “el Dubai de América”? Si lo somos, ¿para quién lo somos?

Diciembre es el mes perfecto para compartir, con todo y que el estrabismo intelectual vea que Navidad es una “fiesta ambivalente”. Que la Navidad sea de extremado consumismo no significa que no tenga sentido. La ambivalencia no está en ella sino en cómo la celebran muchos. La fiebre no está en la manta.

Esta es la época propicia, insisto, para que el que más tiene dé al que menos tiene o nada tiene. Atesorar y ser botarate y no ayudar a niños y pobres, es alocado y tener corazón de piedra. La caridad nunca sobra. Bendice al que recibe, pero también al que da. “Más bienaventurado es dar que recibir”, enseña el maestro. “A Dios presta el que da al pobre”, afirma Salomón. Y Dios no le debe a nadie.

En el cristianismo genuino, hacer obras de caridad no da derecho al cielo. Pero si das con la actitud correcta, Dios lo tendrá en cuenta. Los humanos nos juzgamos unos a otros por nuestros actos visibles. Dios nos juzga por nuestras elecciones morales y actitudes. De ahí que sea ingenuo y un soberano desconocimiento de la naturaleza humana supeditar la moral a la ética. O desdeñar la primera. Antes de éticos, somos agentes morales con obligaciones igualmente morales. Moral y ética son complementarias. No excluyentes.

Demasiadas veces el abordaje de temas como la moral y la ética descansa en cosmovisiones alejadas de la real necesidad y naturaleza humanas. (El hombre y la mujer modernos, en general, creen superadas ciertas necesidades intrínsecas de la humanidad o simplemente las ignoran). Por ello, es insoslayable integrar enfoques más amplios en los cuales aspectos sociales, sicológicos y espirituales tengan un papel preponderante. Plantear un tema como ese –sin tomar en cuenta al humano en sus tres dimensiones (espíritu, alma y cuerpo)– es arar en el mar. Además de cuerpo y mente, en el ser humano hay presentes elementos espirituales, sentimentales y emocionales, no obstante, la futilidad que la creencia materialista –irónicamente autoproclamada humanista– da a tales componentes.

En cualquier momento, obrar caritativamente es bondadosa acción. Mas, hacerlo en diciembre alegra el corazón de un niño y hermosea su rostro, y llena la nevera o despensa (hay gente tan pobre que ni nevera tiene) de un pobre. Me aflige la gente con religión, ideología, filosofía, ciencia, pero sin amor al prójimo. No tienen prójimo. Me avergüenza el religioso de golpes de pecho en el templo, pero insensible con el prójimo. No necesitamos más religión, ideología, filosofía, ciencia. Precisamos amor. Amor por nosotros mismos (sin malévolo narcisismo) y por el prójimo, porque el amor es lo único trascendente y nuestra mayor necesidad humana. ¿Qué somos sin amor? ¡Nada! ¿De qué vale lo que hacemos sin amor? ¡Nada!

El amor jamás pasa de moda. Nunca deja de ser. No hablo de amor novelesco, poesía trágica, canciones de desamor, sino del sentimiento puro que, sin dejar de amarse a sí mismo, no se olvida de sus semejantes ni se aprovecha de sus carencias. “Me amo y me cuido, pero también te amo y velo por ti”. El amor también puede expresarse mediante pequeños gestos. La familia humana lo requiere de manera tal que nadie en el goce de sus facultades mentales y emocionales lo rechaza, aunque repudie creencias religiosas, naturalistas, filosóficas e ideológicas.

C. S. Lewis escribe que “algunas personas dicen que la caridad debería ser innecesaria, y en vez de dar a los pobres deberíamos estar creando una sociedad en la que no hubiera pobres a los que darles nada”. Utopía del que de veras piensa en el pobre o del que lo utiliza como pieza de ajedrez para extremos ideológicos. El corazón humano es egoísta y mezquino. Lo que menos le interesa es el menesteroso. Toca, por consiguiente, domesticar pasiones y sentimientos y dulcificar el corazón.

Seamos dadivosos conforme a nuestras posibilidades. No demos algarrobas sino ofrendas de amor. No lo que sobra o no sirve, sino lo que transmite amor genuino a nuestro hermano pobre. Con buena actitud, no para presumir. Si lo dado no está en concordancia con ingresos, gastos, comodidades, lujos, diversiones, damos muy poco. Lo que sobra. Siguiendo a Lewis, “si nuestras obras de caridad no nos incomodan o no afectan demasiado a nuestro presupuesto, yo diría que son demasiado pequeñas. Tendría que haber cosas que nos gustaría hacer y que no hacemos, porque el dinero que dedicamos a la caridad las excluye”. Es hora de actuar más y de hablar y escribir menos. ¡Feliz Navidad y próspero año 2012!

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