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AVENTURA COTIDIANA

Ponerse en los zapatos de Juan Pérez: Dicky Reynolds O´Riley

Para humanizar esta historia hay que ponerle un nombre a nuestro personaje, que puede ser Juan Pérez o Pedro González, quien lleva una vida tan monótona y lineal que, quizá por ser cotidiana, parezca trivial. Gregorio Sanska, en la novela La Metamorfosis de Kafka corrió con mejor suerte.

Esta es una historieta de bolsillo que no trasciende como hecho periodístico o noticia; en otras palabras, no vende. No es una historia viral que producirá miles de visitas en las redes sociales, como el Gagnam Style o el Harlem Shake. Muchos pensarán que este personaje “es él y su circunstancia”, parafraseando a Sartre. Lo cierto es que habría que vivir en la 24 de Diciembre, Burunga o Nueva Libia para experimentar “una calidad de vida menguada”.

Lo primero que hace Juan Pérez es salir a las 3:00 a.m., dejando en el lecho tareas inconclusas. No se baña porque no hay agua, pero se consuela pensando que “nadie se ha muerto de sucio”. Camina con el sueño a la espalda, tomando caminos, veredas, atajos, subiendo y bajando lomas empinadas, cruzando ciénagas y quebradas, con el temor de ser despojado de los irrisorios bienes o la vida. Sortea el frío y la lluvia que suelen ser impertinentes y no avisan.

Al llegar a la parada de bus se percata de que no es el único que madrugó para tomar la chiva que, por mala suerte, viene atiborrada de personas; soporta roces y posiciones incómodas mientras que el pavo les dice: “Péguense que tienen ropa”. Un aparato anuncia musicalmente: “Bienvenidos a Bagdag” con efectos especiales de sirenas de policías y ráfagas de metralleta. Llega a la ciudad para empezar el reto de cómo abordar otro transporte.

Revisa, de manera furtiva, los diarios expuestos en el piso y observa que uno pregona: “Los panameños somos los más felices del mundo”. Se sonríe. Otro señala: “Lo mataron por mirar a la mujer ajena”; no se sonroja.

Corre a fin de llegar temprano al trabajo, para que no le descuenten el tiempo o evitar un memo por “tardanza injustificada”. Intenta concentrarse en las tareas encomendadas. Al final de la jornada empieza el mismo ciclo invertido para tratar de abordar el bus y luego la chiva pirata que lo lleve a Burunga, 24 de Diciembre o Nueva Libia.

Son las 9: 00 p.m. y aún no ha podido siquiera darle un beso a sus hijos, a los que no vio cuando se fue en la madrugada. Esto es de lunes a sábado.

Su tribuna de protesta ocasional es cuando se encuentra con otros Juan Pérez y se unen, en catarsis colectivas, para propiciar el desahogo, a sabiendas de que nada va a cambiar porque no hay liderazgo en la comunidad de los cangrejos.

El domingo, día de descanso, no hay tiempo de hablar con papá Dios; él debe saber que Juan Pérez está sufriendo el mismo martirio que vivió, con las estaciones incluidas, cuando iba ser llevado a la crucifixión.

Sale mejor tomarse unas frías para olvidar que mañana es lunes y que empieza la rutina que se ha convertido en costumbre, u otro día de felicidad según los indicadores; algo parecido a un turismo doméstico.

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