TRATO INADECUADO

Prepotencia aduanera: Diógenes A. Robolt Córdoba

Raymundo, un hombre de raza negra, haitiano, comerciante, solo habla creole, hace unos años arribó al Aeropuerto Internacional de Tocumen. Llevó sus maletas a los escáneres de la Aduana para su inspección, y el operador notó en la pantalla unos fajos de billetes.

Raymundo, quien hacia un esfuerzo por entender y explicar al funcionario solo alcanzó a escribir en un papel la cifra que transportaba. Fue conducido a una revisión secundaria en la que sin reparo alguno fue desnudado para una revisión corporal, junto a su equipaje casi desmantelado por los agentes. Raymundo, solo por declarar verbalmente y por escrito su dinero fue procesado por defraudación aduanera y se le retuvo todo el dinero destinado a la actividad comercial.

Como Raymundo, que solo habla y entiende creole, muchos haitianos que ingresan a nuestro país para actividades comerciales honestas en la Zona Libre de Colón son tratados con menosprecio por algunos funcionarios de Aduanas poco profesionales, altaneros y desconocedores de sus funciones. Estos funcionarios son entrenados para detectar irregularidades en su labor, sin embargo muchos no ponen en práctica los conocimientos adquiridos, por ello el bajo rendimiento en la detección de drogas ilícitas, precursores químicos y dinero sin declarar, procedentes de Estados Unidos y Europa, transportado por “mulas” al servicio de las organizaciones criminales.

Para justificar su “trabajo y honestidad”, ante sus jefes, algunos funcionarios se enfocan en los comerciantes humildes y honestos de Haití, Jamaica y Colombia con quienes son enérgicos e inflexibles en procedimientos no tipificados en las normas aduaneras; esto indica que desconocen sus funciones de orientar a los viajeros sobre sus deberes y derechos ante la Aduana. Quienes actúan de esta manera, levantan una cortina de humo y propician el ingreso sospechoso de “mulas”, sin problema alguno, a territorio panameño.

La estadística presentada por Aduanas coloca a los haitianos en segundo lugar en decomiso de dinero no declarado, si analizamos esto vemos que se trata de comerciantes. De lo contrario el viajero y el dinero decomisado pasarían a conocimiento del Ministerio Público. Entonces, la preocupación del embajador de Haití en Panamá, Bocchit Edmond, es razonable, porque busca mermar el alto índice de dinero decomisado a sus connacionales por la vía de una buena coordinación con la Aduana, que permita derribar esa barrera del idioma en la Aduana del aeropuerto, que es la primera causa del problema.

Una Aduana sin prepotencia con buenas relaciones públicas y fiel a sus funciones descritas en el Decreto Ley No. 1, de 13 de febrero de 2008, reduciría el alto índice de haitianos procesados. Lo lamentable es que, una vez procesados, son despojados de su dinero. Aduana solo les entrega 500 dólares para sufragar los gastos de hospedaje y comida hasta el día de la audiencia, con impedimento de salida y sin derecho a un abogado de oficio. Esto es como pegarle a un ciego.

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