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Presidencialismo o efecto Martinelli: Antonio Saldaña

El excesivo poder del Presidente de la República en el sistema de gobierno panameño –herencia indubitable del régimen castrense que dominó la vida política por espacio de 21 años–, presente en todos los periodos presidenciales pos invasión y que hoy se revela como un aparente efecto de continuidad, parece obnubilar las mentes más preclaras del país.

El predominio del Órgano Ejecutivo sobre los demás entes de poder surge de la concepción filosófica de los denominados “factores reales de poder” entronizada por los golpistas en la original Constitución de 1972.

Tenemos que recordar que no solo el general Omar Torrijos Herrera, comandante de la Guardia Nacional, se erigió en “líder máximo de la revolución panameña” de octubre de 1968, y se le otorgaron poderes extraordinarios por un período de seis años (Artículo 177 de la Carta Magna de 1972), sino que también la Guardia Nacional bajo su mando se instituyó como el cuarto órgano del Estado. (Artículo 2 de la Constitución de 1972).

Paralelamente, gran parte de las competencias de los otros órganos, particularmente las del Legislativo (Artículo 146 de la Carta de 1972), fue concentrada en el Órgano Ejecutivo, atribuciones que compartían desigualmente el Presidente titular y el jefe militar, quien en realidad ostentaba el poder omnímodo.

En las distintas modificaciones efectuadas a la procedente Constitución de 1972, formalmente se redistribuyeron las competencias entre los tres órganos del Estado y las otras dependencias, pero el Ejecutivo se reservó la de dictar el presupuesto general del Estado –y como dice el dicho, “el que paga manda”– y por esta vía el Presidente controla el resto de las instituciones del Estado.

La verdad sea dicha, fue el comandante en jefe de las extintas Fuerzas de Defensa –destruidas por la invasión militar estadounidense de 1989– general Rubén Darío Paredes el que intentó reeditar la hazaña del fundador de la Guardia Nacional, coronel José Antonio Remón Cantera, de trasladar el poder real de la avenida A (sede del cuartel central de la Guardia Nacional) al Palacio de las Garzas; quien en contubernio con la oligarquía hizo una “nueva” Constitución en 1983, la que mantiene y prolonga hasta nuestros días, efectivamente, el presidencialismo, esto es, el excesivo poder que ostenta el Presidente de la República.

De manera que resulta una perfecta tontería y una suprema chambonada electoral de parte de la oposición oligárquica afirmar que con José Domingo Arias se extiende la continuidad del poder político del actual presidente, Ricardo Martinelli, o el denominado “efecto” Martinelli.

Sin duda viene a lugar, la poca conocida historia política en la que décadas atrás Ernesto Pérez Balladares, entonces Presidente de la República y secretario general del otrora partido de Omar, intentó prolongar su poder con Martín Torrijos, y no solo perdió al PRD, sino también su influencia en las altas esferas del poder presidencial. ¡Así de sencilla es la cosa!

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