TRASFONDO

El Presidente y sus gestos de bondad: José A. Del Cid Felipe

Una intencionalidad de buena fe, es lo que pudiésemos percibir en la misión presidencial y los gestos de Ricardo Martinelli, cuando de manera inesperada, festiva, emocional o, simplemente, aventurera y por encima de cualquiera autoridad que confiere, anuncia el obsequio de una casa, el pago de una intervención quirúrgica en el extranjero, la utilización de sus vehículos aéreos para ayudar a personas, transferencias habitacionales a favor de desposeídos, aumentos salariales descomunales e inconsultos, prebendas o cualquier incentivo popular.

Para los tratadistas en materia legal sobre la administración de los bienes públicos, resulta ilegítimo el uso del dinero de los contribuyentes. Pareciese que estos actos de buena fe van en contradicción directa con un centenar de acciones y que la Contraloría General hace caso omiso a las denuncias expuestas por diferentes estamentos de la sociedad.

Sectores opositores e imparciales al actuar del gobierno han manifestado que la impunidad en los diversos actos de corrupción cometidos por personeros de la actual administración constituye uno de los principales problemas del país, porque no se observan sanciones a nivel administrativo, un llamado de atención público ni el despido de quienes hacen mal uso del dinero del pueblo.

La actual membresía partidista representada por Cambio Democrático no solo disfruta de los goces del poder económico y político, sino que ha llegado al grado de aumentar los impuestos y el costo de los servicios en general al pueblo, para poder crear una plataforma financiera y electorera que le garantice la continuidad y conducción gubernamental a través de la compra de diputados, alcaldes, representantes o cualquiera cosa que camine y represente un caudal de votos para la nueva gestión presidencial.

Aun así, al escuchar sobre los “100 a los 70”, la “beca universal”, el pago atrasado del décimo tercer mes, la indemnización de los pacientes envenenados con el dietilene glycol, la compra de útiles escolares a estudiantes de media y premedia, los subsidios al gas, el transporte y la electricidad, dentro de otros renglones y, actualmente, el pago de $500 mil, como adelanto de los $5 millones prometidos a la selección nacional mayor de fútbol, vemos que se trata de gestiones que representan la justificación expedita de la irregularidad en la ejecución de los fondos públicos, argumentando que la corrupción generalizada no se originó en este mandato, siendo una práctica envidiable de los partidos y gobernantes que disfrutaron estos privilegios y no compartieron sus dudosas ganancias con la población, sedienta de justicia social y ávida del resarcimiento equitativo de la cosa pública.

A la mayoría de los panameños nos interesan poco o nada las normas sobre el manejo de inversión; solo esperamos recibir del Presidente, de los partidos políticos y de los candidatos a puestos de elección popular un ingreso adicional y respetable para el presupuesto familiar. Sin la necesidad de portar banderas, usar simbolismos o fingir creer en falsas e improvisadas ideologías, que solo buscan acrecentar el número de adherentes de sus membresías.

Las bondades de Martinelli, indistintamente a sus pretensiones políticas, ofenden la inteligencia de cualquiera que analice la actuación proselitista, que, al final de camino, tendremos que pagar todos de forma disfrazada, a través de nuevos impuestos y el alza indiscriminada de los servicios públicos, en fin, con un ataque directo al bolsillo del pueblo.

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