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EL MALCONTENTO

El Presidente: mitomanía o traición: Paco Gómez Nadal

No hacen falta más pruebas. Panamá es un país con una sociedad paciente, dialogante, flexible y (a veces) demasiado paciente, que tiene un presidente que o sufre una grave patología convulsiva que lo “obliga” a mentir o es un traidor a la soberanía popular que representa.

Yo sé que esta dicotomía puede parecer atrevida o demasiado explícita, pero es que la gota de la Presidencia ha colmado el vaso de la ciudadanía. Primero mintió y ninguneó a las víctimas de la represión de Bocas del Toro. Lo hizo después de que sus manzanillos calificaran a miles de trabajadores de borrachos. Después, aterrizó en su helicóptero para prometer respeto y justicia a la comarca Ngäbe Buglé y, como denunció estos días la cacica Silvia Carrera, ha vuelto a mentir y a traicionar la confianza del mayor pueblo originario de Panamá y, me atrevería a decir, de todos los panameños y panameñas que asistieron a la crisis minera con estupor.

Ahora, una vez más, está decepcionando y traicionando a toda una provincia, Colón, al convocar un diálogo falso en el que, si hacemos caso de lo ocurrido, nunca tuvo la intención de dialogar. ¿Miente o traiciona?

En cualquiera de los dos casos debería haber poder popular de revocatoria, porque si sufre mitomanía no estaría habilitado para el cargo y si es un traidor a la voluntad popular que representa estaría rozando el delito penal.

Es cierto que “soldado avisado no muere en guerra”, pero también creo que la ciudadanía se resiste a aceptar que el Presidente de la República y su gobierno sean un enemigo interno. Lo son porque no pierden ocasión de contar a los cuatro vientos que gobiernan un país ingobernable, lleno de ricos egoístas y pobres haraganes. Así lo dijo Martinelli en su lamentable y balbuceante entrevista en la CNN; así lo recuerda de forma habitual ese ministro tenebroso –José Raúl Mulino– que suele echar en cara a la población que no agradece su sacrificio por la patria. Así lo recalcan sus corifeos en panfletos como La Opinión o Sol Radio, brazos gladiadores de la paranoia presidencial. Si quieren saber qué piensa el presidente no busquen en Twitter, sino en ese panfleto: “Es revelador que la Ley 72 para el desarrollo integral de Colón fuera derogada debido a la presión ejercida por las acciones de grupos de la izquierda radical de esa provincia que, de paso, propiciaron las actividades delincuenciales con los ya conocidos resultados de destrucción y muerte”.

Hay una tercera opción entre la mitomanía y la traición: la megalomanía, el delirio de poder y riqueza que lleva a arrasar con todo, que provoca un complejo de superioridad y una compulsión eufórica en la que hemos visto instalado a Martinelli tantas veces.

Escribo este artículo con tristeza, porque es lamentable que este país que tanto ha luchado por su soberanía y por su dignidad se vea ahora pisoteado por los regaladores de jamones y los acaparadores de arroz; por la corrupción sucia y arrogante y por la sordera política más peligrosa; por un ejército de enceguecidos seguidores del poder tan peligrosos como los que un día creyeron en el Man y siguen tomándose fotos junto a él porque creen que es lo normal.

Tengo tristeza por Colón, por la comarca Ngäbe–Buglé, por la olvidada provincia de Bocas del Toro... por los ciudadanos y ciudadanas que han salido a las calles reclamando dignidad y presencia del Estado y han sido contestados con el sonido de las balas y el silencio de la institucionalidad. Lo siento porque no hay una justicia capaz de compensar la balanza, porque no hay una oposición seria en la que creer y a la que apostar, porque una mayoría de la Panamá urbana y criolla sigue adormecida en el salario o en la indolencia.

Imagino, como indica ese panfleto martinelista que debo ser un peligroso miembro de la izquierda radical. Si ser colonense es eso, yo soy colonense, yo me uno a su causa, yo sumo todo lo que tengo a su dignidad. Este fin de semana los pueblos de Colón, Bocas y la comarca han hablado y del encuentro de gente digna solo pueden salir cosas buenas. Dudo que el Presidente pueda entender lo que está pasando. Si está enfermo, porque tiene la razón nublada; si es un traidor, porque no le interesa.

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