MALESTAR

Previsión, palabra clave en la crisis energética: Enrique Jaramillo Levi

Las anomalías del clima –la falta de lluvia, la resequedad abrasante de nuestros días soleados-- obviamente están pasando factura a esta porción del planeta, de forma imprevista para los desconocedores de la materia, pero no tan ilógica para los versados en temas medio-ambientales.

Igual pasa en otros momentos, o en otros sitios, con el fenómeno contrario: las precipitaciones pluviales extremas, el desbordamiento de los ríos, las tormentas de diverso tipo, las nevadas a destiempo, el descongelamiento del Ártico.

En Panamá, como resultado de la falta de agua en los embalses que alimentan al país, se ha creado la aguda crisis energética que desde hace días padecemos, lo cual –ya lo han señalado los especialistas- pone de relieve la improvisación reiterada y los errores de criterio. Y es que en este país vivimos como si estuviéramos en una bonanza perpetua que todos los ciudadanos podemos disfrutar, y por supuesto esto no es así.

Las palabras previsión, mantenimiento, responsabilidad, sentido común, solidaridad, por desgracia a menudo son raras avis. En términos generales, los días en que no hubo clases se incrementó en las residencias privadas de la clase media y la clase adinerada un uso desmedido de los acondicionadores de aire, los televisores, las computadores y los videojuegos de toda índole por parte de la muchachada, lo cual sin duda alguna fue contrario al ahorro energético buscado y requerido en el país. Y ahora, de vuelta a clases, la vida normal en escuelas y colegios al suprimir el uso de los acondicionadores de aire ha sido una equivocación garrafal. Los niños empiezan a enfermarse, se están dando todo tipo de contagios infecciosos, todo el mundo está de mal humor, incluyendo maestros y profesores.

La concentración y el trabajo se tornan poco menos que imposibles. Como una reacción a esto, la tendencia, sobre todo en los parvularios, es dejarlos ir más temprano, con el consiguiente conflicto, a menudo irresoluble, de que los padres trabajan y no hay quien reciba antes de tiempo a los niños. Las universidades también sufren por las inclemencias del tiempo.

En Panamá, país de trópico extremo, simplemente no es posible convivir por más de una hora en el calvario de sitios cerrados sin la oxigenación estable de los tradicionales sistemas de enfriamiento. Y la forma en que están construidos la mayoría de los nuevos edificios, con ventanas absolutamente selladas, sobre todo en las torres de más altura, en nada contribuye a desahogar el problema.

Algo similar ocurre en numerosas oficinas públicas y privadas, en los almacenes, en los restaurantes, en los sitios de esparcimiento: la gente no logra adaptarse al cambio de costumbres, respiran mal, se angustian, y como resultado quedan afectados física y sicológicamente.

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