PROMESAS INCUMPLIDAS

Producción nacional y canasta básica: Ángelo Chen Guardia

“Yo sí sé bajar la canasta básica”, “hay que congelar los precios”. Una mentira y un error en tiempos de promesas y propuestas de cómo resolver lo que no se arregló en su momento.

Para abaratar la canasta básica, el candidato a la presidencia del panameñismo propone el anacronismo de congelar y controlar los precios de los renglones principales, desconociendo que bajo los esquemas de producción y comercialización vigentes, esa medida conduciría a la bancarrota definitiva de la agricultura panameña. Hoy, que no se emplea el mecanismo que pregona, la producción está en vertiginoso descenso, es fácil imaginar que esos controles suprimirían del todo los pocos recursos de ajuste y reajuste que, aunque imperfectos, todavía operan en este régimen de oferta y demanda; en consecuencia, la actividad sería frenada en seco.

En el establecimiento de los precios de los rubros agropecuarios, quien menos influye es el productor, ni en circunstancias favorables de una buena cosecha, tampoco con la producción diezmada por factores naturales adversos que aunados a los costos elevados de los insumos le ocasionan pérdidas irreparables. El poder real para fijar los precios en ambas direcciones, al productor y al consumidor, reside en cada eslabón de la cadena de comercialización, es decir, la definición de los precios es una potestad del intermediario, no del productor, quien es el que más trabaja, más arriesga y menos recibe.

La situación se complica con frecuencia cuando los contrabandistas y los especuladores invaden el mercado con productos importados, instante en el que se detiene todo el movimiento de compra/venta de la producción nacional

Congelar o controlar los precios representa un arriesgado equívoco, reñido con la iniciativa o modus vivendi del 40% de la población, cuyos efectos inmediatos serían la paralización de la actividad agropecuaria en su conjunto y la consolidación del imperio de los importadores, enemigos manifiestos del agricutor nacional

Un jactancioso (y/o embustero) aspirante a la presidencia durante la pasada campaña arengaba en cada esquina que iba a reducir el costo de la canasta básica, que él sí sabía hacerlo (y tal vez sí lo sepa, pero no quiera), sin embargo, tras cuatro años de su gestión, los precios ascendieron verticalmente en 30% desde aquel momento, y hoy, sin ningún rubor o vergüenza, sentencia que si el petróleo no baja, tampoco lo hará la comida y, como remache, su administración impone con fuerza desleal y cobarde el etanol más caro del mundo, arma química de próximo estallido en la metrópolis, un atraco al bolsillo que obliga a gastar hasta 30% más que cuando la gasolina no contenía el biocombustible.

El consumidor pagará precios justos por su comida cuando el sector agropecuario, que se encuentra acorralado en una emboscada tendida por los importadores y por los intermediarios, sea liberado de ese pesado fardo que lo aplasta, al disponer de tecnologías que incrementen su productividad y logre mayores producciones, de mejor calidad y a menores costos, dentro de un sistema de comercialización que disminuya el tiempo y la distancia entre el campo y la mesa del consumidor, y el Estado se caracterice y se responsabilice en su obligación de otorgar los recursos requeridos por el Mida, IMA BDA, ISA, Idiap y ARAP, para desenvolverse con capacidad y entrega en las tareas de asegurar la comida soberana a quienes habitan este país, prescindiendo de importaciones innecesarias y aportando valor agregado a través de las agroindustrias que abrirán las rutas hacia otros mercados.

El panameño disfruta a plenitud su participación en las campañas políticas, patentado con cifras como 1.5 millón de inscritos en partidos políticos de un total de 2.4 millones del padrón electoral, en virtud de su confianza en el papel del Gobierno, como creador de las condiciones básicas para labrarse una vida cada vez más cómoda y segura.

Tal condición lo autoriza a efectuar evaluaciones de la gestión del actual gobierno y establecer la clara conclusión de que el partido Cambio Democrático es sinónimo de comida cara, de obras públicas con sobrecostos, que con ellos gobernando no bajará el costo de la vida y nunca alcanzará el dinero para comer bien, porque este partido lo controla un grupo de empresarios con gran poder económico que enfermos por su desbordante pecunia, piensan que todo les pertenece y que los aumentos del salario mínimo deben destinarse sólo a la compra de alimentos y al pago de energía y combustibles caros a empresas en manos de estos grupos de poder.

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