REJUEGO POLÍTICO

Promesas engañosas: Belisario Herrera A.

Dice Juan Carlos Navarro, candidato presidencial del Partido Revolucionario Democrático (PRD), que tiene un sueño: que cada uno gane un salario justo por su trabajo y que todo el mundo tenga seguridad en su barrio. Estas son promesas a todas luces engañosas, puesto que en materia laboral hay mucha tela por cortar frente a una patronal cada vez más apegada a su caja registradora y que darle duro al codo de una clase social tan tacaña sería posible únicamente bajo un régimen revolucionario en que el Presidente de la República sea el primero en arremangarse y, con el puño en alto, hacer posible tales conquistas laborales, dando el primer ejemplo al otorgarle estabilidad y buen salario a sus servidores públicos.

De manera que bajo el sistema imperante, cada una de las promesas que brota del referido político resultan ilusorias como igualmente el supuesto de que bajo un régimen encabezado por él desaparecería el caos y la inseguridad imperante, cuando todas las instituciones que tienen que velar por ella están fragmentadas en completa ineficiencia como para poner en jaque a una delincuencia organizada en distintos grados para transgredir nuestras disposiciones penales vigentes.

Tampoco el candidato Navarro tiene antecedentes meritorios como para que se pueda caracterizar desde una posición tan elevada del poder, puesto que en sus intervenciones en diversos momentos en busca de adeptos, el contenido de sus palabras ha sido de gran fragilidad frente al régimen de Ricardo Martinelli, que desde el inicio de su gobierno se ha caracterizado por sus arbitrariedades en desafío abierto a nuestro ordenamiento jurídico, premunido porque todos los poderes están bajo su estricto control. Que impere tanto lenguaje politiquero en nuestro país -sea de gobierno o de oposición- obedece a que no existen verdaderos líderes, ya que los partidos políticos de viejo cuño responden a que están facturados con enormes recursos económicos y con el dinero que cuentan compran muchas conciencias, aprovechando las múltiples necesidad que confronta el pueblo; así lo entendemos los que contamos con una conciencia política y reconocemos esa debilidad de las masas irredentas, porque desde arriba baja la corrupción que todo lo daña.

No quiero terminar estas líneas sin dejar establecido claramente que ni Navarro, ni Juan Carlos Varela, ni mucho menos José Domingo Arias son figuras con algún mérito para ocupar el solio presidencial. Si bien en el caso de Varela ha sido más contundente en sus críticas contra el gobierno, alega un paternalismo con muchas ilusiones. En tanto, José Domingo Arias, de Cambio Democrático, sería la continuación de este régimen nefasto.

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